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Biblioteca Digital Música y cine

Cine y música en la BDH

Ahora que el frívolo mundo se recupera de la resaca de glamour y estatuillas doradas que ha tenido lugar hace unos días en esa ciudad ficticia y real a partes iguales que es Hollywood, creemos que es un buen momento para, aprovechando una parte de las ricas colecciones sonoras de esta casa, hacer un breve recorrido, muy imparcial y caprichoso, por la historia del cine y su música, o viceversa si se nos permite. No en vano, de los más de 6.500 discos de pizarra que se pueden escuchar actualmente en la Biblioteca Digital Hispánica casi un 10% son canciones o piezas instrumentales compuestas o interpretadas en películas.

Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubiasNo es este el lugar para intentar descifrar las claves que acompañan el devenir de esta simbiosis tan beneficiosa –en más de un sentido- entre ambas disciplinas. Podríamos simplificar la ecuación de la siguiente manera: la fusión de imagen y sonido (no sólo música) da como resultado algo que, en el mejor de los casos, trasciende cualquiera de estos elementos por separado y produce algo muy potente y complejo de analizar de forma independiente, probablemente porque ese resultado es muy superior a la suma de sus partes. Algo igualmente tan sencillo y directo que nos maravilla y se graba en nuestro recuerdo de forma imborrable, no necesariamente agudos violines al otro lado de la cortina de ducha. Aunque no dudamos de las propiedades terapéuticas de una saludable ducha fría con acompañamiento de cuerdas.

Retomando el tan socorrido tópico de los Oscar es muy curioso comprobar cómo a veces el tiempo se ha portado especialmente bien con algunas de las canciones ganadoras del premio, convirtiéndolas en verdaderos iconos, y no tanto con otras que vieron cómo su breve momento de dorada gloria fue eclipsado por aquellas a las que derrotaron en tan caprichosa contienda. Por ejemplo, es incuestionable la fama, sobre todo en su tiempo, de la canción The Lullaby of Broadway (Harry Warren / Al Dubin) que sonaba en The Gold Diggers of 1935 pero quizás recordamos mucho más Cheek to Cheek, del gran Irving Berlin, nominada ese año e inmortalizada por Fred Astaire en Sombrero de Copa (Top Hat, 1935). Berlin, que estuvo nominado en 7 ocasiones por sus canciones y en otras 2 como guionista, sí se lo llevó por White Christmas en el año1955. De entre las varias versiones que se pueden escuchar BDH destacamos las de Dinah Shore y la de Frank Sinatra.

Cole PorterOtro de los grandes de la canción, Cole Porter, estuvo nominado cuatro veces al premio pero nunca lo ganó, aunque canciones como I’ve Got You Under My Skin, nominada en 1936, no lo necesitan en absoluto. Por cierto, en este disco de pizarra también se puede escuchar otra canción mítica de Porter, My Heart Belongs to Daddy interpretada aquí por la famosísima Orquesta de Artie Shaw, con la vocalista Kitty Kallen.

Es más que posible que la interpretación más célebre de aquella canción sea la de Marilyn Monroe en la película El millonario (Let’s Make Love, 1960), pero no menos famosa es su versión de Diamonds Are a Best Girl’s Friend, (Jule Styne, Leo Robin) que sonaba en la adaptación al cine del musical Los Caballeros las prefieren rubias. La película es de 1953.

Entre las legendarias canciones creadas para películas de Disney que podemos escuchar en BDH se encuentran clásicos como la ganadora en 1947, Zip-A-Dee-Doo-Dah (Allie Wrubel, Ray Gilbert), una película que mezclaba actores con personajes de animación y que no ha envejecido especialmente bien debido a su mirada digamos condescendiente, por usar un eufemismo políticamente correcto, hacia colectivos tradicionalmente maltratados como los afroamericanos o los osos de dibujos que hablan. La podemos escuchar aquí interpretada por el conjunto Geraldo and His Orchestra en 1952.

Pero no sólo de canciones se nutre el espacio sonoro del universo cinematográfico. Cabe recordar que entre los primeros compositores de renombre que encontraron fascinantes las enormes posibilidades expresivas del nuevo medio se encuentran Arthur Honegger, Darius Milhaud o Erik Satie, y mucho más recientemente Philip Glass, Shostakovich, Prokofiev o John Corigliano..

Camille Saint-SäensOtro ejemplo en esta misma línea: la música del célebre compositor francés Camille Saint-Säens era más que habitual en los primeros programas cinematográficos que se exhibían en París. Piezas como El Cisne, de El Carnaval de los Animales, o la Danse Macabre sonaban de forma habitual en esos pases como acompañamiento musical en directo. En un claro homenaje, Martin Scorsese usa estas mismas obras para ilustrar uno de los momentos más emotivos de su sentido canto al cine y su magia en la recientísima Hugo (2011), que ganó 5 premios este pasado domingo. Pero además resulta que Saint-Säens pasa por ser uno de los primeros compositores de éxito en haber compuesto de forma específica para el cine, en concreto para la película L’Assassinat du duc de Guise, estrenada en 1908.

Otra curiosidad, el mismísimo cineasta danés Lars von Trier quebrantaría sus propias reglas, las del famoso y efímero Movimiento Dogma, incluyendo un arreglo para armónica de El Cisne en su polémica Los Idiotas.

Otro de los compositores que alternó una carrera igualmente notable en las salas de concierto y las de cine, el italiano Nino Rota, más tarde alter ego musical de Fellini, escribió en 1950 la música para la película inglesa La montaña de cristal. Esta película que además cuenta con un compositor como protagonista y muy oportunamente desarrolla la parte más importante de su trama en Italia contó con un tema musical que fue muy popular en su época.

Nino RotaPrecisamente Rota compuso un año después la música para la película Anna, que protagonizaban Silvana Mangano, Vittorio Gassman y Raf Vallone. Pero aunque la partitura de Rota era especialmente acertada ésta fue eclipsada por el tremendo éxito de la canción El negro zumbón, en una escena mil veces evocada. Hay que recordar que la historia era de rompe y rasga: una cantante de night club que termina haciéndose monja, arrepentida de su licenciosa vida como suripanta. Sin embargo fue la cantante italiana conocida artísticamente como Flo Sandon’s la que puso la voz a la Mangano cuando cantaba.

Otro tema musical enormemente popular escrito para una película es el famoso tema de Harry Lime, mucho más conocido como la melodía que entre sombras acompañaba al Tercer Hombre, interpretada aquí a la cítara por su compositor, el vienés Anton Karas.

Un claro ejemplo de reconocimiento tardío causado por motivos no cinematográficos. Charles Chaplin, Raymond Rasch y Larry Russell recibieron el Oscar por la música original de Candilejas (Limelight), con unos 21 años de retraso, ya que la película, aunque producida en 1952 fue vetada entonces por muchos exhibidores en Estados Unidos debido a las convicciones políticas excesivamente izquierdistas para el gusto estadounidense en aquellos años, de Chaplin. Por este motivo la película no pudo concurrir a los premios de la Academia de Hollywood hasta que se reestrenó en 1973.

Sin ánimo de aburrir más al personal con anécdotas interminables invitamos a los lectores de este blog a descubrir las innumerables sorpresas que podrán encontrar en tan variado e intrigante repertorio, registrado en surcos de pizarra y actualmente disponible en melodiosos unos y ceros para su disfrute inmediato en la web de la Biblioteca Nacional de España. Muchos nombres han quedado fuera de este post que deberían ser mencionados: Alfred Newman, Bernard Herrmann, Franz Waxman, etc. Quizás sea posible recuperarlos en posteriores entradas de este blog.

Así pues, nos gustaría añadir desde estas líneas, un tentativo y esperanzado continuará.

Bibliografía

COOKE, Mervyn. A History of Film Music. Cambridge, Cambridge University Press, 2008.

LACK, Russell. La música en el cine. Madrid, Cátedra, 1999.

LATORRE, José María. Nino Rota: la imagen de la música. Barcelona, Montesinos, 1989.

WIERZBICKI, James. Film Music: a History. New York, Routledge, 2009.

 

Pedro de Arce Trujillo
Biblioteca Digital Hispánica

Bibliotecas y bibliotecarios Historia

El bibliómano ignorante. Bibliotecas de aparato en la antigua Roma

Leemos en la cubierta de la buenísima edición de Errata naturae : En El bibliómano ignorante, Luciano dirige sus feroces e hilarantes acometidas contra un famoso personaje de la época: un hombre rico, aficionado a los jovencitos y los chaperos, que engrosa cada día su biblioteca con nuevos libros -que nunca lee- con la esperanza de mejorar así su imagen y posición social”:

DE VERDAD QUE LO QUE estás consiguiendo es lo contrario de lo que quieres. Tú crees que por comprar compulsivamente los mejores libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y, en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura. Es más, ni siquiera compras los mejores, sino que confías en cualquiera que se ponga a elogiarlos y eres un chollo para quienes mienten sobre tales libros y un tesoro a punto para los que comercian con ellos. Porque ¿cómo ibas a poder distinguir cuáles son viejos y muy costosos de los que son malos y además están envejecidos? ¿O es que puedes reconocer en qué medida están devorados y destrozados tomando a los gusanos como consejeros en el examen? Ya que de lo certeros o equívocos que sean sus contenidos, ¿qué forma de diagnóstico tienes?”

(Luciano de Samósata. El bibliómano ignorante)

En la antigüedad romana pocos fueron los ricos o los miembros distinguidos de las profesiones liberales que no poseyeran una biblioteca privada de más o menos dimensiones. De hecho, la moda de alardear de biblioteca llegó a irritar al mismísimo Petronio, que en su Satiricón muestra a Trimalción -liberto enriquecido aunque igualmente ignorante- presumiendo de sus numerosos libros, y aún más a Séneca, que en su ensayo De tranquillitate animi arremete contra los ricos romanos que llenaban sus viviendas de libros que no leían:

Bibliómano El gasto en los estudios, que es el mejor de todos, sólo es razonable dentro de ciertos límites. ¿Qué utilidad tienen esos innumerables libros y bibliotecas de los que sus dueños a duras penas pueden leer en toda su vida los títulos? El excesivo número no instruye, antes bien supone una carga para el que trata de aprender y es mejor entregarse a unos pocos autores que perderse entre muchos. Sucede con muchas personas ignorantes de lo más elemental que tienen los libros para adornar sus comedores, en vez de como medios para aprender. Ténganse los libros necesarios, pero ni uno solo para exhibición. Claro que se puede decir que es preferible gastarse el dinero en libros que en vasijas corintias o en cuadros. Siempre es malo cualquier exceso. ¿Por qué disculpar al que desea estanterías de madera rica y marfil, al que busca las obras de autores desconocidos y no buenos y al que bosteza entre tantos miles de libros porque le agrada muchísimo ver los lomos y los títulos de su propiedad? Verás en las casas de los más perezosos las estanterías llenas hasta el techo con todas las obras de los oradores y de los historiadores. Pues hoy, como las termas, la biblioteca se considera un ornamento necesario de la casa. Todo ello se podría perdonar si se debiera a un gran amor a los estudios, mas, realmente, estas colecciones de las obras de los más ilustres autores con sus retratos se destinan para el embellecimiento de las paredes.”

(Séneca. De tranquillitate animi)

Para ilustrar esta entrada enlazamos el episodio Reign of terror [min. 28:15 aprox.] de la magnífica serie televisiva Yo, Claudio -basada en la novela homónima del gran Robert Graves- que recrea de forma genial cómo funcionaba una taberna libraria cuando el bibliopola y sus servii literarii reciben la agitada visita del tartamudo -pero profundamente culto- futuro emperador Claudio (Derek Jacobi).

Bibliografía

CAVALLO, Giugelmo y Chantier, Roger (dirs.). Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid, Taurus, 2003.

Manuel Pérez Rodríguez
Biblioteca Digital Hispánica

Música y cine Sobre la BNE

Servicio de Audiovisuales. La imagen del pasado en soporte del futuro

El Servicio de Audiovisuales, creado hace cuatro años, cuenta con una colección que incluye todos los documentos que se editan en España, de autores españoles o referidos al país. Debido a la importancia de la imagen en la sociedad actual, hubo el año pasado más de diez mil entradas y la tendencia va en alza.

Vídeo 2000, vídeo BETA, VHS, DVD, Blu-ray, son formatos que están integrados en el archivo audiovisual de la BNE. Menos de un mes después de su salida al mercado ya están disponibles para su consulta pública en la Sala Barbieri las copias de todas las publicaciones comerciales hechas en España que entran por depósito legal.

Depósitos de la BibliotecaEl proceso es algo similar a la entrada de un libro: se hace una separación por tipo de soporte, se realiza un control de calidad (con materiales tan frágiles es muy importante) y se catalogan de acuerdo con la normativa internacional.

Es algo más complejo que el de los libros ya que en una película no sólo hay un autor sino que tenemos que tener en cuenta mucha más información: actores, realizador, equipo de fotografía, montador…

Toda la colección está siendo digitalizada porque, aunque es un material moderno, es muy sensible y puede fácilmente deteriorarse el sonido o el color.

“Se está haciendo una exhaustiva catalogación de la producción del cine español o con temática de nuestro país”, explica Alicia García Medina, jefa del Servicio de Audiovisuales.

¿Cuáles son las grandes joyas? Carmencita Spanish Dance, de 1894, cedida por la Library of Congress de los Estados Unidos por medio de un canje bibliotecario o la película sonora Concha Piquer, de 1924, anterior a la considerada primera película sonora El cantante de jazz, de 1927. “Esto demuestra la importancia de la cultura española en los EE.UU. desde finales del siglo XIX y comienzos del XX. durante una época de ensayos de un nuevo arte que surgía”, asegura García Medina.

Estas obras están disponibles en la BNE y comparten el espacio con colecciones muy actuales, no sólo de películas, sino conciertos, galas de ópera, giras, congresos, cortos cinematográficos y todo aquello que antes apenas estaba disponible en audio y que el progreso tecnológico adjuntó la imagen.
Argentina es el país con el que hay una estrecha relación porque es un país donde se han producido muchas películas de directores españoles. Un ejemplo es Bodas de Sangre, una adaptación de la obra de García Lorca interpretada por Margarita Xirgu, o una adaptación de La dama duende de Calderón realizada por Teresa León y Rafael Alberti en 1945 que, debido a la censura, nunca llegó a ser exhibida en España y ahora está disponible para todos los usuarios en la BNE.

Algo más que cine

Depósitos de la BibliotecaEl Servicio de Audiovisuales están en contacto permanente con los distribuidores que ayudan a completar un archivo muy variado: desde colecciones de dibujos animados en VHS y DVD hasta películas en Blu-ray que vienen con gafas 3D (que también se pueden visualizar en la Sala Barbieri).
El depósito cuenta con unas condiciones especiales de temperatura que nunca puede subir por encima de los 15 grados para no dañar los materiales sensibles de las películas.

Audiovisuales comparte la labor de conservación y preservación de la imagen con la Filmoteca Nacional, que conserva los rollos de películas en soporte original –de 35, 16 y súper 8 y 8 milímetros- de todo el cine español. La BNE completa esta labor con “todo aquello que se vende, que se edita para consumo”.

Hay muchos usuarios que consultan el fondo audiovisual y no son investigadores del cine, van buscando otra información. “Pensamos siempre en las películas como ocio y no nos damos cuenta que tienen muchas más lecturas: ropas, costumbres, paisajes… Son documentos culturales e históricos a preservar y difundir”.

Podéis ver más información sobre la colección de audiovisuales aquí.

Carla Sao Miguel
Departamento de Comunicación

Bibliotecas y bibliotecarios

Bibliotecarios, bibliotecas y cultura mainstream

“Dios ama a sus hijos, pero especialmente a aquellos que devuelven sus libros a tiempo”.

Francis O’Brien, Head Librarian. The Librarians. ABC TV Series

Los medios audiovisuales y editoriales reflejan en la mentalidad popular una visión de nuestra profesión y de nuestros lugares de trabajo muy característica y estereotipada, esto es, de “bibliotecas sin usuarios y personal casi siempre femenino, con gafas y moño” (Gómez Hernández J.A. y Saorín, T). Acompáñenme pues para sumergirnos en el maravilloso mundo de los extraños pero entrañables seres que habitamos entre estanterías y bases de datos.

El estereotipo del bibliotecario

Woody AllenLa imagen de una bibliotecaria (o de un bibliotecario, que también existimos) como custodios de gesto severo, cuadriculados con las normas, rancios en el vestir y con un punto de frustración, se halla grabada a fuego en la cultura de masas occidental debido sobre todo a las películas y series televisivas made in USA, que perpetúan el tópico y lo hacen perfecto para la sátira cómica.
Parece que el bibliotecario ha sido creado para atormentar al usuario, llegando a veces a límites kafkianos, como en la novela La caída del Museo Británico de David Lodge (1965). Los bibliotecarios combatimos este tópico a base de profesionalidad, adaptación a las nuevas tecnologías y sobre todo, grandes dosis de sentido del humor.

Sí, porque los bibliotecarios tenemos capacidad para reírnos de nosotros mismos, mal que le pese al bueno de Jorge de Burgos de El nombre de la rosa. Porque, quién mejor para poner orden en las bibliotecas públicas y hacer respetar la sagrada ley “decimal” que un bárbaro cimmerio. Y qué bibliotecario de fondo antiguo no ha tenido pesadillas con usuarios desaprensivos, que mutilan valiosos libros de horas. Pero quizá uno de los mejores retratos cómicos de los empleados de una biblioteca pública multicultural sea la de la sitcom australiana The librarians.

La cara amable del bibliotecario sale a relucir en la comedia clásica norteamericana en películas como Su otra esposa (Desk set, Walter Lang, 1957) con Spencer Tracy y Katherine Hepburn, donde asistimos a los primeros miedos a la automatización. Por su parte Peter Sellers en Juego para dos (Only two can play, Sydney Gilliat, 1962) se mete en la piel de un modesto bibliotecario y padre de familia. Y no podemos dejar de mencionar “Marian the librarian”, la escena memorable del musical Vivir de ilusión (The music man, Morton DaCosta, 1962). La cara gótica nos llega de la mano de un bibliotecario Jonathan Harker, quien es llamado por el conde Drácula (Christopher Lee) para catalogar su biblioteca personal (Horror of Dracula, Terence Fisher, 1958). La cara más sórdida pero cercana la tenemos plasmada en el testimonio gráfico y filmado de la vida del archivero hospitalario Harvey Pekar en American Splendor.

Batgirl
Los bibliotecarios en los cómics son héroes, pero también villanos. Y es que batgirl era bibliotecaria: Barbara Gordon (Yvonne Craig en la serie sixtie de TV) es la hija del comisario de Gotham City. Su rol fue concebido para atraer al público femenino y como contrapunto romántico de Batman, en respuesta a un presunto exceso de “camaradería” con su fiel compañero Robin. Batgirl es graduada en biblioteconomía y ha conseguido llegar al cargo de directora de la Gotham City Public Library.
Sin embargo, también hay malvados con hábitos bibliotecarios, como en el del cómic de Batman, La biblioteca de almas. En esta ocasión el hombre murciélago trata de aplacar la locura de un bibliotecario metido a asesino en serie, ocupado en marcar a sus víctimas con números de la clasificación decimal de Dewey.

¿Y cómo nos ven en el futuro? Los bibliotecarios somos vistos por el género SCI-FI como una especie en vías de extinción o directamente proscrita, como en Fahrenheit 451. Los “ciberbibliotecarios” han ido siendo sustituidos por computadoras y redes en un mundo cada vez más automatizado. El acceso a la información es cosa sólo de dos, un mega-ordenador y un usuario-programador, que interaccionan entre sí, a la manera de películas como 2001: Una odisea del espacio o el universo Tron. Tron Legacy

La imagen de las bibliotecas

Con respecto al lugar que da cobijo al bibliotecario, las bibliotecas a menudo son concebidas en el ideario colectivo como silenciosos y venerables espacios, casi sagrados (Gómez Hernández J.A. y Saorín, T). Las novelas de horror gótico y de ficción histórico-detectivesca (así como sus remedos fílmicos) tienden a representarlas como espacios secretos, laberínticos , oscuros, lóbregos y polvorientos, óptimos escenarios para lo paranormal o para la comisión de crímenes, a menudo motivados por libros valiosos o prohibidos.

Y es que hay libros que matan, como el legendario fragmento de la Poética de Aristóteles de El nombre de la Rosa (Umberto Eco, 1980). Existen también peligrosos grimorios que conducen a la perdición, pero que aún así son ambicionados por inasequibles bibliófilos y bibliópatas, como el Libro de las Nueve Puertas del Reino de las Sombras de El club Dumas (Arturo Pérez-Reverte, 1993) o el Necronomicon, frecuentemente citado en los relatos de horror primigenio de H. P. Lovecraft. El nombre de la rosa

Importantes bibliotecas languidecen por la acción del tiempo, la acumulación de polvo, la humedad y la inexorable labor de mina de un ejército de hongos, insectos y roedores. Otras han perecido abrasadas por virulentos incendios, fruto del descuido, pero también de la intolerancia manifiesta, como la histórica Biblioteca Alejandrina , cuyo final le sirvió a Umberto Eco de inspiración para su biblioteca encastillada en la abadía benedictina de El nombre de la rosa.

Hay no obstante bibliotecas que nos son más cercanas y que forman parte de nuestra vida cotidiana, como las públicas y universitarias, pero también otras que han surgido de la extensión bibliotecaria, como el bibliobús que aparece en Billy Elliot o la biblioteca de prisión de Cadena Perpetua, en donde puedes evadirte, aunque tan sólo sea a través de la lectura.

Bibliografía y fuentes


- SAORÍN, Tomás y GÓMEZ HERNÁNDEZ, José. A. et al. La información y las bibliotecas en la cultura de masas , 2001. Biblioteca Valenciana.

- MONTES, Agustín y GARCÍA, Soraya. La biblioteca en el séptimo arte. En Absysnet [en línea] <http://www.absysnet.com/tema/tema48.html> [Consulta 29/12/2010].

- PAZ VANES, Claudia. “Bibliotecas de cine: Una revisión de la imagen de las bibliotecas y los bibliotecarios en el Séptimo Arte (Tópicos y estereotipos). En “Scire” V. 8, nº 2 (2002).
<http://ibersid.eu/ojs/index.php/scire/article/view/1175/1157 >

- Un recopilatorio de artículos en línea muy completo aparecido en la lista de distribución Infodoc el 19 de nov de 2008 y replicada en un post del blog La biblioteca informa al bibliotecario de la Biblioteca de la Universidad Complutense.

- HUBARD, John Cultural images of librarians. Posteado en TK421.net (2004).

- KNEALE, Ruth. Librarians and Pop Culture: What’s the Skinny, Anyway? In Oregon Library Association OLA Quarterly, Spring 2008, Vol. 14, Nº 1, p. 21-23
<http://data.memberclicks.com/site/ola/olaq_14no1.pdf>

- The Hollywood librarian: a look at librarians through film. Sitio Web que promociona una película documental sobre la imagen de los bibliotecarios según la industria de Hollywood.

- Bibliotecas y música. Entrada de Inmaculada Setuáin en el Blog Leyendo se entiende la gente de la Biblioteca de la Universidad de Navarra. Se complementa con la cuidada lista de reproducción en open spotify elaborada por Juanma Santiago de Frikitecaris [Consulta 31/01/2011].

Blogs y foto-galerías

- El blog El documentalista enredado mantenido y alimentado por Marcos Ros-Martín y Maria Elena Mateo. Proporciona entradas que analizan películas con bibliotecas y bibliotecarios.

- La imagen social del bibliotecario .

- Frikitecaris.

- Por último, un flickr monotemático.

Manuel Pérez Rodríguez
Departamento de Preservación y Conservación