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Exposiciones y actividades Sobre la BNE

Va por Francisco Jareño, un arquitecto “con lunares”

Firma autógrafa de Francisco Jareño de Alarcón. De proyecto de Instituto de San Isidro (Archivo del Ministerio de Fomento)

Firma autógrafa de Francisco Jareño de Alarcón. De proyecto de Instituto de San Isidro (Archivo del Ministerio de Fomento)

 Retrato de madurez luciendo las condecoraciones recibidas en su carrera

Retrato de madurez luciendo las condecoraciones recibidas en su carrera

Francisco Jareño (Albacete 1818-Madrid 1892), uno de los autores de la casa que habitamos desde 1896, fue un arquitecto con mala suerte. O al menos eso es lo que afirma Ramón Guerra de la Vega [i], que prosigue así: “Su etapa de madurez profesional, entre los cuarenta y cincuenta años, coincidió con la tremenda crisis económica y política de la última época de Isabel II, la llegada de un rey italiano y la proclamación de una efímera República”.

¿Pero quién fue en realidad Francisco Jareño de Alarcón?

Retrato del arquitecto Francisco Jareño, por Joaquín Sorolla (Museo de Bellas Artes de Valencia)

Retrato del arquitecto Francisco Jareño, por Joaquín Sorolla (Museo de Bellas Artes de Valencia)

La mayoría de nosotros, bibliotecarios, no recordamos cuándo fue la primera vez que nos topamos con ese nombre, pero es más que probable que muchos lo hiciéramos al arrostrar nuestro debut de opositores: “El edificio de la Biblioteca Nacional -memorizábamos- fue construido según proyecto de Jareño y Ruiz de Salces”,  uno de esos binomios indisolubles del XIX de los que uno siempre dudaba de cuántas personas constaba. Con el tiempo, aquellos nombres empezaron a sernos familiares e incluso supimos de otros edificios proyectados y ejecutados por ellos, hasta el punto de que llegamos a convencernos de que allá por el siglo XIX vivieron realmente un par de arquitectos así llamados, a pesar de la calígine de las fuentes que más inducía a pensar en seres míticos, como Homero o, sin ir mucho más lejos, como los también constructores Cíclopes… ¡Ruiz de Salces y Jareño existieron, fueron de carne y hueso y este último incluso tuvo “lunares”, o eso es lo que Pedro de Madrazo afirmó en la sesión ordinaria de 10 de octubre de 1892 de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, días después de la muerte de Jareño: “no estaba exento de lunares, que todos los hombres los tenemos, pero su consecuencia con sus amigos y hasta cierta docilidad, neutralizaban aquellos…”[ii]

Francisco Jareño retratado por Heraclio Gautier

Francisco Jareño retratado por Heraclio Gautier. Fotografía facilitada por los nietos de María Desamparados Castillo y Jareño, sobrina del arquitecto

Si leemos las diferentes notas biográficas sobre él, dispersas en publicaciones generales, no tardamos en constatar que nos hallamos ante un arquitecto fuera de serie, sin duda uno de los más importantes del siglo XIX en España: años de formación en el extranjero y un momento de esplendor en torno a los años 60-80 en que el albaceteño acumula en su persona hasta tres cargos públicos con sus correspondientes sueldos y, acorde con ello, un patrimonio inmobiliario nada desdeñable. Traído a términos contemporáneos, Jareño sería algo así como  el X*** del momento, pongan ustedes el nombre del arquitecto que mejor les cuadre. No había en esos años encargo oficial que no se adjudicara el autor de nuestro edificio y su protagonismo era tal que concitaba la enemiga del redactor de la revista satírica Gil y Blas, quien destilaba vitriolo cada vez que le mencionaba, lo que ocurría con harta frecuencia: (“Ni Miguel Ángel trazando la cúpula de San Pedro, ningún arquitecto ha metido tanto ruido” 28/4/1866)
Si revisamos la prensa de la época (con la ayuda de esa herramienta que es la Hemeroteca Digital que nunca jamás nos cansaremos de ponderar), lejos de disiparse nuestras dudas, aumenta nuestra perplejidad. Las referencias al académico aparecen por doquier: cargos, honores, ofrecimientos generosos del artista, como el de reconstruir con sus alumnos los daños del terremoto de Málaga y Granada de 1885 (Diario de Avisos de Madrid, 13/01/1885), etc.

Recorte de la noticia publicada en  (Diario de Avisos de Madrid, 13/01/1885), etc.

Recorte de la noticia publicada en (Diario de Avisos de Madrid, 13/01/1885), etc.

Y, sin embargo, un mal ocho de octubre Jareño se muere (sí, ocho, hemos dicho ocho y no otras fechas que andan por ahí publicadas), Jareño se muere y no localizamos -que nos saque del error quien haya sido más afortunado- una sola esquela que le llore: apenas unas líneas en alguna revista de Arquitectura y poco más. Queda por pensar que el arquitecto fuera huraño de trato, viviera volcado en su trabajo y  no tuviera familia directa. Pero no, Jareño tuvo esposa y al menos cuatro hijos, a tres de los cuales sobrevivió, o al menos eso revelan las esquelas, esta vez sí, de su esposa y de sus hijas.

Fotografía facilitada por la familia Puerto, nietos de María de los Desamparados del Castillo y Jareño, sobrina de Francisco Jareño

¿Qué pudo ocurrir entonces para explicar el malditismo que se cierne en el siglo XX sobre la vida y obra de Jareño? ¿Cómo se explica que no se haya publicado aún una sola monografía dedicada a este arquitecto? ¿Por qué en 1881, en el cénit de su carrera y con una planta del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales construida, es apartado de su mayor y más acariciada obra? ¿Cuestión llanamente de mal fario? ¿Tan cara pudo costarle su renuencia a cumplir las órdenes del Director de la Biblioteca? ¿Fue Jareño víctima del nepotismo imperante o blanco de las envidias de colegas menos talentosos? ¿O tan sólo un hombre devastado por la concatenación de desgracias familiares, como parece reflejar el contraste entre los dos retratos que ilustran esta página, entre los que median algo más de  treinta años?

No lo sabemos. Probablemente tendremos que esperar para disipar estas y otras dudas al merecido homenaje que se le tributa el día 8 de octubre con motivo del 120 aniversario de su fallecimiento, en el cual un nutrido plantel de especialistas sacará a la luz los resultados de  sus más recientes investigaciones.

Si se cumplen nuestras expectativas, podremos decir que el esfuerzo habrá valido la pena y la conmemoración contribuido en cierta medida a restituir la memoria de quien es responsable en parte de las emociones que provoca en nosotros y en nuestros visitantes el edificio que todavía hoy habitamos.

Gema Hernández Carralón
Museo de la BNE


[i] VEGA DE LA GUERRA, Ramón: Guía de Madrid. Siglo XIX. Tomo I. Madrid, 1993.

[ii] Cita facilitada por Pedro Moleón.

Exposiciones y actividades Sobre la BNE

Exposición “De pasadizo a palacio. Las casas de la Biblioteca Nacional”

En el arco de unos días Madrid se llenará de actividades sobre Arquitectura, con motivo de la IX Semana de la Arquitectura promovida por el COAM de Madrid, la quinta en que la Biblioteca Nacional de España participa, también en el quinto año de funcionamiento del Museo de la BNE.

Alzado al paseo de Recoletos del proyecto de Francisco Jareño para el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales aprobado en 1865.Madrid, BNE. 17/186/23.

Alzado al paseo de Recoletos del proyecto de Francisco Jareño para el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales aprobado en 1865.Madrid, BNE. 17/186/23.

La programación de este año es más completa y unitaria que nunca, pero para eso cumplimos 300 años. Abriremos el día 1 con una conferencia del arquitecto colombiano Daniel Bermúdez, a propósito de sus edificios de bibliotecas y no faltarán las actividades divulgativas, desde ciclos de cine a actividades educativas para escolares y familias. Pero, sobre todo, estrenaremos una exposición en la que, por vez primera, se reflexiona conjuntamente sobre las diferentes sedes, hasta cinco, que ha recorrido la fundación de Felipe V, que es hoy nuestra Biblioteca Nacional, hasta instalarse en el Prado de Recoletos.

Entregamos hace unos meses un título al arquitecto e historiador Pedro Moleón Gavilanes, “De pasadizo a palacio. Las casas de la Biblioteca Nacional”, y él nos ha devuelto un hermoso libro, síntesis bien ilustrada y mejor narrada de una historia nunca antes contada, amén de una bien trabada y didáctica exposición (Sala de las Musas del Museo de la Biblioteca, 3 de octubre de 2012-27 de enero de 2013), en que los planos, fotos y revistas de la propia Biblioteca se codean con los de otras instituciones como el Ministerio de Fomento, así como con levantamientos y reconstrucciones de edificios y tramas urbanas hoy desaparecidos o que, simplemente, nunca pasaron de proyecto realizados por el Grupo de investigación DIBUJO Y DOCUMENTACIÓN DE ARQUITECTURA Y CIUDAD de la E.T.S.A.M. / U.P.M que dirige Javier Ortega Vidal.

Sala de lectura del Palacio de Godoy. Revista El Mundo Naval Ilustrado, 1897.

Sala de lectura del Palacio de Godoy. Revista El Mundo Naval Ilustrado, 1897.

Arranca esta historia con la larga nómina de edificios prestados y reaprovechados por los que la Biblioteca Nacional pasó hasta 1896, año desde el cual habita hasta nuestros días un palacio decimonónico que se incluye en ese prestigioso Top Ten de los edificios más fotografiados de Madrid; una sede, por fin, proyectada para ella y otros moradores que, a excepción hecha del vecino Museo Arqueológico, fueron mudándose a otras casas en otros barrios.

Como fundación real que era, la Biblioteca parecía desde sus orígenes en 1711 llamada a ocupar un palacio y, sin embargo, casi sus dos primeros siglos de historia se consumieron en un ajetreado peregrinar de casa en casa por sedes prestadas: hoy pasadizo, mañana convento, al otro casas y mañana covachuelas ministeriales: “la sede itinerante”, como bautizó este tole-tole uno de los últimos directores culturales que ha tenido la Biblioteca, Pedro Molina Temboury, que para eso es escritor.

Dibujo del proyecto de Sacchetti para el Real Palacio Nuevo por Giambattista Novello (Venezia, Biblioteca Nazionale Marciana)

Visto así, parecería que a los patronos de la Biblioteca y a sus directores no les importara un ardite de la institución: nada más lejos de la realidad, a pesar de aquel ir y venir de mudanzas de libros con revuelo de índices perdidos y hasta quemados, los designios de dar decoroso acomodo a la Biblioteca fueron constantes desde el siglo XVIII, promovidos tanto por los directores, como por la Academia de Bellas Artes, como por los regios patronos. Así, podemos citar, ya en 1743, el conocido opúsculo del benedictino Fray Martín Sarmiento, titulado Reflexiones literarias para una Biblioteca Real y para otras Bibliotecas Públicas, dirigido a Juan de Iriarte, a la sazón bibliotecario mayor, o el proyecto de Palacio Real de Giambattista Sacchetti que incluía dentro del complejo palacial un interesante edificio de Biblioteca Real Pública. Proyectos todos frustrados por una razón o por otra y nunca ejecutados.

Habría que esperar a 1860 para que, dentro del Plan de Ensanche que proyectó Carlos María de Castro, se asignara una gran manzana en las huertas de la Veterinaria para levantar en ella por vez primera un edificio de Biblioteca “ex novo”.

Pero doctores tienen la Historia del Arte y la Arquitectura y nuestra Semana está repleta de ellos con un bien elaborado programa, por lo que será mejor que presten a ellos sus oídos.

Gema Hernández Carralón

 Información adicional

Arte Material gráfico

Restauración de las cubiertas de la Iglesia de Santa Bárbara de Madrid

La Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid hacía pública el 20 de marzo de 2012 la noticia de la finalización de la restauración de las cubiertas de la Iglesia de Santa Bárbara de Madrid.

Cebrián García, José - Convento de las Salesas Reales

Cebrián García, José - Convento de las Salesas Reales

La iglesia formaba parte de una extensa fundación real de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza llamada Convento de la Visitación de Nuestra Señora. Albergaba convento-colegio para educación de niñas nobles, iglesia, dos jardines, huerta y dependencias para el retiro de la reina en caso de viudedad. Fue construido según proyecto del arquitecto francés François Carlier (1707-1760), con la ayuda de su aparejador Francisco Moradillo (ca. 1720-1784), en 8 años y medio (1750-1758). Se encontraba aislado en el Madrid de esa época y la extensión de su cerramiento se calcula en torno a 800 metros lineales llegando por el oeste hasta el actual Paseo de Recoletos y englobando el Palacio de Justicia, parte del antiguo convento, muy transformado posteriormente.

Su nombre deriva de la orden creada por San Francisco de Sales en Francia, Salesas, llamada por los reyes españoles para hacerse cargo del convento y de la enseñanza de las niñas nobles, dada su experiencia en el vecino País.

La Biblioteca Nacional de España conserva 4 dibujos que nos indican la magnitud de este conjunto y la implicación directa de la reina que revisaba detalles de la decoración interior, eligiendo pavimentos o modelos de altar para la iglesia, tal como se puede apreciar en dos de los dibujos.

Sección y planta del convento, François Carlier (entre 1750-1753)

Los dibujos forman parte de la importante colección de dibujos de arquitectura de los siglos XVI al XX que conserva la Biblioteca Nacional, que pudieron verse recientemente en la exposición “Dibujos de arquitectura y ornamentación del siglo XVIII”. Para mayor información y detalle, puede consultarse la imagen, el comentario adjunto a cargo de un especialista y la catalogación de cada uno de estos cuatro dibujos a través de la Biblioteca Digital Hispánica, la web de exposiciones virtuales de la Biblioteca Nacional y en el catálogo Dibujos de Arquitectura y Ornamentación de la Biblioteca Nacional. Siglo XVIII (2009):

El fondo de dibujos de la Biblioteca Nacional de España es uno de las más importantes del país tanto por su calidad como por su volumen. Alberga la que probablemente sea la más extensa colección de dibujo español, con una destacada representación de dibujo italiano, francés y portugués y una aportación más modesta pero significativa de las escuelas del Norte.  Entre los dibujos de la escuela española la obra de artistas como El Greco, Velázquez, Alonso Cano, Murillo, Salvador Carmona, Villanueva, Goya o Fortuny, entre otros, convive con la de artistas como Julio González, Benjamín Palencia, Eusebio Sempere, aspirando a ser una colección viva, en crecimiento. Desde un punto de vista temático, es muy variada. Aunque predominan los temas religiosos, hay un valioso fondo de dibujo arquitectónico y de ornamentación sin olvidar los temas mitológicos, históricos, escenas de género, retratos, vistas, ilustraciones para obras literarias, etc.

Isabel Clara García-Toraño Martínez