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Literatura

Donación del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Algunos pueden preguntarse qué sentido tienen los escritos de un autor contemporáneo en una institución tricentenaria como la Biblioteca Nacional de España.

Para situar estos documentos en la BNE tenemos que explicar que la Biblioteca tiene una rica colección de manuscritos,  dentro de la cual se formó hacia 1996, debido a sus peculiaridades, la colección de archivos personales como fondo independiente. Caracterizada por su amplitud cultural y cronológica, su incremento  ha sido constante y una parte interesante ha llegado por donaciones de  los propios creadores o de sus herederos.

La BNE, consciente de la riqueza de estos fondos, decidió potenciar su política de donativos impulsando las relaciones con aquellas personas e instituciones  activas en todos los ámbitos de la vida cultural española y muy especialmente del literario. El resultado ha sido la aportación, entre otros, del  Archivo de Antonio Muñoz Molina.

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Es claro que este tipo de fondos,  suscita cada vez más interés. Supone un gran atractivo para los investigadores que pueden consultar fuentes primarias de estudio, a veces incluso material inédito.

Precisamente este archivo muestra la evolución de la obra de Muñoz Molina, desde sus inicios 1970 a 2009:

  • Documentos de creación manuscritos y /o mecanoescritos:
    • Cuaderno con poemas de juventud (1970)
    • Primeros ejercicios en la escritura: ejercicios de periodismo y tentativas teatrales
    • Borrador manuscrito y mecanoescrito fotocopiado de El cementerio de los elefantes (1974-1975). Teatro
    • Borrador manuscrito y 1ª versión mecanografiada de Beatus Ille  (1986)
    • Borradores mecanografiados, textos y notas manuscritos El jinete polaco (1991)
    • Cuadernos de trabajo manuscritos y de documentación de Plenilunio (1997)
    • Cuadernos manuscritos Ventanas de Manhattan (2004)
    • Cuadernos de notas de El viento de la luna (2006)
    • Cuadernos de trabajo  de La noche de los tiempos (2009)
    • Artículos y textos. Disquetes de ¾
  • Correspondencia: cartas remitidas por personajes importantes de la cultura nacional y extranjera, editores,  representantes oficiales del Estado  y algunos lectores
  • Entrevistas de televisión y radio, homenajes, participación en coloquios etc en videos y  cintas de casetes
  • Dosieres de prensa sobre su obra

En la documentación se aprecia la variedad de tipológicas de los soportes. Combina el soporte papel, las cintas de audio, los videos o los disquetes de ordenador, reflejando el cambio tecnológico que vivimos.

Documentos del archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Cada archivo personal aporta una documentación “singular” en el sentido de únicos, de la que se deduce  más información que la de su propio contenido: el germen de una novela, las fases de la obra a través de los  sucesivos borradores, los cambios  hasta llegar a la publicación definitiva. En este archivo tenemos muestras de este proceso de creación, como ejemplo,  el primer borrador manuscrito de la novela Beatus Ille  (1986) y un segundo borrador mecanoescrito anterior al texto definitivo; o el esquema de una novela intercalado en el texto de la misma, como si en ese momento viera claro su estructura.

Esta documentación literaria marca una relación con los textos muy diferente del resultado cohesionado que conocemos  los lectores en la obra publicada,  pudiendo apreciarse estrategias de escritura propias.

Estrategias que se deducen también por lo que parecen ausencias, es frecuente que  aparezca un borrador manuscrito de la obra  y nada más hasta el texto impreso. La explicación la dio el propio Muñoz Molina al comentar que alterna la escritura en papel con el ordenador indistintamente, sin que una sea copia exacta de la otra.

La  autenticidad de los textos, en cuanto que  son originales, está asegurada por su procedencia, llevándonos a identificar la forma de escribir, las abreviaturas, los signos empleados o la forma de proceder insertando tarjetas, invitaciones y papeles anotados entre las hojas de los cuadernos manuscritos. Se aprecia en estos rasgos  un componente estético que se suma a los aspectos intelectuales.

Documentos del archivo de Antonio Muñoz Molina

Documentos del Archivo de Antonio Muñoz Molina

Como es habitual, el archivo reúne junto a los documentos propios los de otras  personas de su entorno. La correspondencia  con editores, escritores, amigos o lectores, así como las entrevistas en  programas de radio, la participación en homenajes, jornadas y otros, grabados en audio y video, sitúando al escritor en el mundo cultural con el que se relaciona.

Para terminar y volviendo al principio, el compromiso de compartir un patrimonio que pasa de la esfera privada a la pública, cuando se integra en las colecciones de una institución cultural como la BNE, supone  una importante  contribución para comprender parte de la literatura y la cultura de una época.

 

Material adicional:
Selección de imágenes del Archivo de Muñoz Molina

Eulalia Iglesias Matas
Servicio de Valoración e Incremento del Patrimonio

Bibliotecas y bibliotecarios

Los archivos personales: una puerta a la intimidad

La colección de archivos personales del Servicio de Manuscritos e Incunables abre una puerta a la intimidad de los autores que les dieron vida.

Cuando Pandora recibió de Júpiter una caja cerrada para que se la entregara como regalo de boda a su esposo Epimeteo, la curiosidad que le invadió fue tan grande que no pudo resistirse a destaparla a pesar de las advertencias. No me atreveré a equiparar la curiosidad de Pandora con la que llega a sentir un bibliotecario, cuando llega a sus manos el arcón desordenado de una existencia humana”, o lo que es lo mismo, un archivo personal. El bibliotecario sentirá deseos de adelantarse a la presentación” del nuevo huésped, para que antes de que empiece a hablar a través de los testimonios que solo él conoce, sea capaz de organizar su equipaje. No será sencillo al principio, si su autor no fue cuidadoso en organizarlo o si sus herederos no mimaron el legado que recibieron.

Pese a todo, el receptor deberá abrir el arcón para dejar salir la intimidad, la inspiración, la creatividad, que permanecían encerradas a la espera de ser descubiertas. Su correspondencia, los borradores de sus obras, las anotaciones presurosas en pequeños trozos de papel, en suma, sus recuerdos nos hablarán del paso por la vida de alguien, que quiere compartir con los demás cómo fueron sus vivencias personales y profesionales. A partir de ese momento, aparecerá la persona que está detrás del escritor, compartiendo confesiones, primero con el bibliotecario/archivero que se convertirá paulatinamente en cómplice de sus secretos y después, con el curioso/investigador que querrá descubrir lo que todavía desconoce.

Finalmente, un minucioso trabajo de organización, reflejado en ordenados inventarios o en amigables bases de datos, mostrará el hospedaje que se le ha dado al nuevo inquilino. Sin embargo, no siempre el acomodo es tan sencillo, ni los resultados satisfacen plenamente, o bien, porque ni el autor, ni sus herederos conocen el valor de su bagaje, o por un excesivo pudor por parte de su entorno, que quiere proteger su intimidad. La madre de Julio Cortázar decidió quemar casi todas las cartas de su hijo y lo justificaba de la siguiente manera: Lo que teníamos que decirnos en nuestras cartas a lo largo de tanto años fue dicho, y los dos recibimos nuestros mensajes que eran solamente para nosotros”. También el miedo puede llevar a los herederos de un archivo personal a destruir documentación que consideran espinosa, por no haber olvidado las secuelas del destierro. Gabriel Alomar, ensayista, político mallorquín y autor muy comprometido con la Segunda República, sufrió el exilio en soledad, separado de su familia, al acabar la guerra civil. Al estudiar su archivo, conservado en la Biblioteca Nacional, no encontramos más que una veintena de anotaciones presurosas, imposibles de asociar a una obra determinada, textos mecanografiados incompletos y algunos borradores de artículos de escaso interés por su nulo compromiso ideológico. Ante este panorama es inevitable preguntarse si hubo expurgo previo a la entrega de su archivo. Desconocemos la respuesta, pero lamentamos que estas lagunas abran una brecha en nuestro acercamiento a la figura de Gabriel Alomar.

Se podrían seguir enumerando ejemplos de legados que bajo el marbete de archivo personal reúnen un conjunto deslavazado de documentos. El bibliotecario contemplará entonces desilusionado cómo su trabajo queda incompleto y, en un esfuerzo por reconstruir ese archivo personal, iniciará la búsqueda interminable de lo que no tiene, en muchas ocasiones, sin resultados. Pero también habrá momentos de sorpresa, fascinación y, en especial, de profundo agradecimiento. Amigos leales que recuperaron el legado de su compañero, olvidado y abandonado en manos de sus herederos, y que no escatimarán en pagar lo que se les pide, para lograr que se conserve en mejores condiciones (Archivo de Edgar Neville), o aquella viuda obligada por la situación política del momento a vivir en el exilio y que no dudará en hacer llegar a España el archivo de su marido, cuando las circunstancias lo permitan (Archivo de Gabriel Alomar) o aquel nieto que cuando se entera de que la Biblioteca Nacional conserva parte del archivo de su abuelo, inmediatamente decide enviar gratuitamente los manuscritos autógrafos que conservaba celosamente en su hogar, en un acto de absoluta generosidad (Archivo de Juan Luis Estelrich), etc.

Gracias a todos ellos, la colección de archivos personales del Servicio de Manuscritos e Incunables de la Biblioteca Nacional reúne algo más que simples papeles, al ofrecer al investigador una puerta abierta a la intimidad de los autores que les dieron vida.

María José Rucio Zamorano
Servicio de Manuscritos e Incunables