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Historia Publicaciones periódicas

¡Viva la Pepa!

En algunas cosas está de acuerdo todo el mundo y eso hace que sean aburridas. ¿Cansados de ver panegíricos a la Constitución de 1812 por doquier? ¿Ya os sabéis de memoria todas sus bondades? Entonces éste es vuestro post: hoy os ofrecemos un resumen de prensa absolutista. Ojo, puede producir migrañas.

La Constitución española de 1812 fue promulgada el 19 de marzo de 1812, lo que le valió el nombre popular de La Pepa”. Toda su fama no se debe a su vigencia (dos años), sino a que fue la primera que hubo en España (posteriormente estaría vigente en el Trienio Liberal, de 1820 a 1823, y unos meses entre 1836-1837).

Para más inri, parte de España nunca vio aplicada la Pepa por culpa de Pepe (Botella). Aún hay más: durante los debates constitucionales Cádiz estaba siendo asediada por las tropas francesas mientras miles de refugiados de otros lugares trataban de entrar y / o protegerse de una epidemia de fiebre amarilla que azotaba la ciudad.

Con todas estas circunstancias y la presión de los absolutistas, que deseaban el retorno de Fernando VII, la aventura finalizó el 4 de mayo de 1814, cuando el rey decretó la disolución de las Cortes, la derogación de la Constitución y la detención de los diputados liberales. Contra todo pronóstico fue recibido entre vítores y no le tembló la mano al prohibir toda la prensa excepto la Gaceta de Madrid (actual BOE) ¡Ni siquiera salvó a los diarios que le habían apoyado!

Y estos diarios tuvieron mucho que ver en la escasa duración de la norma y en el retorno triunfal del Borbón. El procurador general de la nación y del rey abría sus ediciones con un Viva Fernando” como quien dice Diario de la mañana”. Le dedica, además, algunas coplas al monarca que más vale leer como humor que como obra literaria. Celebran sin ningún recato la caída (y la muerte incluso) de los liberales españoles y su alegría tras el cierre del periódico La abeja hace pensar que era de los que antes ven abolida toda la prensa –ellos incluidos- que permiten a los demás expresar sus puntos de vista. Más lejos llegaba en su epitafio a La Abeja la Atalaya de la mancha el 12 de mayo de 1814:

la-abeja

En esta prensa absolutista, en la que entraría también el gaditano Diario de la Tarde (¿o pensabais que todo Cádiz estaba en el mismo bando?) las narraciones de las sesiones de las Cortes están salpicadas de críticas, insultos muy poco velados y argumentos ad hominem. ¿Es posible que sean españoles buenos los que (…) se entregan a declamaciones impetuosas contra todas las clases de la Monarquía?” (16/01/1814). El mismo día: ¡Miserables! Habíais querido permanecer en las delicias y los antros obscuros de Cádiz y (…) insultar con osadía nuestros trabajos y humillaciones, y aun nuestra religión”. Está escrito en el corazón de todos los españoles: viva la Patria, viva la religión y viva Fernando”. Fernando el justo y religioso es el enviado de dios para purgar la Patria de los monstruos que (…) se han engendrado entre nosotros” (01/05/1814). Por fin dejó de existir la Constitución que la imprevisión, la falta de juicio o sobra de malicia había formado para llevarnos a fines demasiado dolorosos y desgraciados” (04/06/1814). El real decreto del restablecimiento del santo tribunal de la fe acaba de manifestar a todo el orbe de la tierra que Fernando VII está muy lejos de conformarse con las perniciosas reformas de sus rivales” (07/08/1814). Traidores declarados: ¿quién os ha dado poderes para formar esa Constitución que va a trastornar todas nuestras leyes?” (18/05/1814).

Páginas y páginas hablando de las víctimas de la maligna libertad de imprenta, los males de la democracia, la necesidad del retorno de la Inquisición… tan radicales que rozan lo humorístico vistas desde el año 2012. Además tiene cierta tendencia a escribir sus soflamas en verso:

Ven pronto, o dulce Fernando
y tu robusta potencia
haga mermar la insolencia
de ese miserable bando” (25 de abril de 1814)

¿Queréis más? Tenemos muchas tazas:

El Procurador dedica un amplísimo reportaje al retorno del rey (no el de Tolkien, el de España) en mayo de 1814.

La Atalaya habla largo y tendido del entierro de la Constitución, celebrándolo.

y el Censor General hace honor a su nombre firmando un fascinante alegato contra la libertad de imprenta:

Aunque no se podían poner puertas al campo y la monarquía parlamentaria acabaría llegando a España, hay algo que sí les debemos a todos estos esfuerzos a favor de un sistema que ya era anacrónico en el XIX: el uso irónico de la expresión ¡Viva la Pepa! para referirse a toda situación de desbarajuste, despreocupación o excesiva licencia” (DRAE)

Información adicional:

Bicentenario de la Constitución en Acción Cultural Española

Fotografías de Cádiz en el siglo XIX

Álbum de recortes de prensa

Javier Pavía
Servicio de Web

Historia Publicaciones periódicas

El primer día de la BNE

El día 1 de marzo de 2012 se cumplen 300 años de la apertura al público de la Biblioteca Nacional, entonces llamada Real Biblioteca Pública.

El rey Felipe V dio el visto bueno a la creación de la Real Biblioteca que le proponía su confesor, el padre Robinet, el 29 de diciembre de 1711. Ésta es la fecha que se ha utilizado para señalar nuestro Tricentenario. Sin embargo, con el país enfrascado en una guerra sucesoria que aún no había finalizado, habrían podido ocurrir muchísimos percances que impidieran la creación de la Biblioteca. Habría sido un proyecto más que quedó inconcluso y hoy no estaríamos celebrando nada.

Ese 29 de diciembre de 1711 no existía la BNE. No había bibliotecarios. No había instalaciones. Existía un papel con la firma de un rey que no era reconocido como tal ni por parte de la población española ni por parte de las potencias europeas. Esa firma no valía absolutamente nada para todos ellos. Y libros… sí, había libros, pero encerrados en un torreón del Alcázar. Acumulados durante siglos por los Austrias, se unieron a cerca de seis mil volúmenes más que trajo consigo Felipe V desde Francia. Estaban inventariados pero no eran accesibles al público.

El 9 de febrero de 1712 se da la orden a Teodoro Ardemans de que establezca una sumptuosa biblioteca” en el pasadizo que unía el Real Alcázar con el convento de la Encarnación. Es decir, había pasado un mes y medio y seguíamos sin tener algo a lo que pudiéramos llamar biblioteca.

Esta Real Biblioteca abrió al público el 1 de marzo de 1712, con muchos trabajos de reforma aún pendientes. La apertura coincidió con la llegada de los volúmenes incautados de la biblioteca personal del Arzobispo de Valencia, Antonio Folch de Cardona, cuyo apoyo al Archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión le costó el exilio en Viena.

Esta apertura al público fue bastante provisional. Hasta diciembre de 1715 no se establece legalmente el medio de financiación de la biblioteca ( dos maravedís por cada libra de tabaco”) y hasta enero del año siguiente no se aprobaron las primeras Constituciones para regular su funcionamiento.

El primer Bibliotecario Mayor, Gabriel Álvarez de Toledo y Pellicer de Tovar, trabajó en un vacío legal hasta su muerte en 1714. Junto a él había otros tres bibliotecarios: Juan Francisco de Roda, Antonio Dongo Barnuevo y André Arnaud. Cuatro personas para la que iba a ser toda una Biblioteca Nacional, trabajando, además, por amor al arte: sus salarios no se fijaron hasta 1716.

La idea era hacerla accesible a todos los estudiosos del reino. O lo que es lo mismo: muy poca gente: el público alfabetizado, varón y noble de la época. Casi todos madrileños, salvo que pudieran permitirse el viaje.

El 1 de marzo de 1712 pudieron entrar por primera vez. No tenemos narraciones ni mucho menos grabados o dibujos del momento. Desconocemos los nombres de los primeros usuarios, pero sí sabemos que no necesitaban ningún carné. Y, al igual que ahora, solicitaban los libros al bibliotecario, que se los servía en los puestos de estudio.

Otros hitos de la BNE en la Hemeroteca Digital:

- 1712: Primer decreto sobre la entrega obligatoria de impresos en la Biblioteca Nacional
Gaceta de instrucción pública (30 de octubre de 1897)
Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos (1896)

- 25 de noviembre de 1896: La Biblioteca Real pasa a denominarse Biblioteca Nacional
Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (enero/junio 1966)

Javier Pavía Fernández
Servicio de Web

Historia Publicaciones periódicas

La noche en que no ardió el Museo del Prado

Entre los hechos que nunca han ocurrido ocupa un lugar predominante el incendio imaginario del Museo del Prado el 25 de noviembre de 1891.

El mal estado en que se encontraban las instalaciones del museo sirvió de base a un artículo periodístico, tan dramático como falso, en el que se describía la catástrofe con todo lujo de detalles. La crónica del suceso apareció en el diario El Liberal y fue obra de uno de los grandes periodistas españoles del XIX, Mariano de Cavia, conocido por su carácter peculiar: vivía en un hotel, pero tenía un piso ocupado solamente por su biblioteca personal.

En su artículo describía la destrucción de la pinacoteca con todo lujo de detalles, pintando una imagen desastrosa del museo “coronado de llamas, lanzando columnas de humo hacia las nubes y de cuando en cuando haces de chispas, que semejaban luminosos residuos del espíritu de Velázquez, Murillo, Rafael, Rubens, Tiziano, Goya… No ardía solo el ala de Poniente ni el ala de Levante, ni el centro del edificio. Lo que ardía era el Museo todo, el Museo entero, el Museo por los cuatro costados”.
Y no solo eso, incluía las supuestas opiniones de varios testigos y el relato de cómo algunos voluntarios se jugaban la vida para rescatar los lienzos del interior del edificio cortándolos con cuchillos y navajas.

Pero lo que quería Mariano de Cavia no era crear alarma, sino denunciar el estado deplorable del Prado, donde los trabajadores vivían con sus familias en los desvanes: “Allí se guisaba, allí se encendía fuego para toda clase de menesteres caseros (…), los suelos y la techumbre eran inmejorables agentes para el elemento destructor, gracias a su endeblez”.

El último párrafo de su noticia daba a entender que todo era una invención suya y que no existió tal incendio, aunque podría producirse cualquier día si no se tomaban medidas. Sin embargo, muchas personas no leyeron el artículo completo o no entendieron la sutil ironía del autor y se echaron a las calles a ver con sus propios ojos las ruinas del Museo del Prado.

Al día siguiente, El Liberal abría con un nuevo texto de Cavia, un artículo furibundo titulado “Por qué he incendiado el museo de pinturas”. En este enumeraba varios monumentos que habían sido pasto de las llamas (el Alcázar de Segovia, la Catedral de Sevilla…) y exigía medidas al gobierno para impedir que volviera a suceder. “Hemos inventado una catástrofe… para evitarla”, concluía.

Y lo que es mejor: funcionó. El día 28 de noviembre, el Ministro de Fomento Manuel Linares Rivas visitaba las instalaciones del Prado y quedaba sorprendido al descubrir, por ejemplo, un almacén de leña en sus sótanos. Se ordenaron una serie de medidas de remodelación, comenzando por desalojar a las familias que vivían hacinadas en las buhardillas. Además, se cambió la estructura del tejado por un andamiaje de metal y otra serie de medidas arquitectónicas encargadas a Jareño Alarcón, más recordado por haber proyectado el edificio de la Biblioteca Nacional de España.

No hay forma de saber si el Museo habría ardido realmente de no ser por Mariano de Cavia, pero ¿creéis que una buena causa justifica una información falsa?

Javier Pavía Fernández
Servicio de Coordinación de la Web

Historia Publicaciones periódicas

La prensa en las primeras Olimpiadas

Tal día como hoy, en 1896, se inauguraban los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Es de suponer que la prensa se volcó con semejante acontecimiento, ¿verdad? Pues no demasiado.

La Correspondencia de España le dedica únicamente un breve al acto de inauguración y otro, que podéis ver junto a estas líneas, al de clausura, celebrado el 15 de abril.

No se publicaron ni medalleros, ni reportajes en profundidad, ni entrevistas, ni suplementos especiales, ni hubo un aluvión de corresponsales llegados de los cinco continentes ¡ni mucho menos fotografías! Otros diarios españoles, como El Imparcial o El Siglo Futuro, publican exactamente los mismos textos, obtenidos de la agencia de noticias Fabra, antecesora de la actual EFE. A su vez, esta recibía la información de la agencia francesa Havas y se limitaba a traducirla. Solo el barcelonés La Dinastía profundiza algo al informar de que las pruebas de remo debieron suspenderse debido a la lluvia torrencial que azotaba Atenas, mientras La Ilustración Española y Americana critica veladamente la celebración, a la que dedica solamente tres líneas.

Esta aparente indiferencia, que podría deberse a que ningún atleta español participó en estos primeros Juegos modernos, no es total: El Imparcial publicó el programa de actividades completo, aunque se trataba de una traducción del trabajo del corresponsal del New York Times en Atenas.

Los Juegos Olímpicos resucitaron gracias a los esfuerzos de Pierre de Coubertin, que tomó la idea de las pequeñas “Olimpiadas” organizadas y financiadas por Evangelis Zappas en 1859, 1870 y 1875. Para la celebración de unos juegos verdaderamente internacionales se estableció un Comité Olímpico en 1894, que decidió por unanimidad celebrar los primeros Juegos en Atenas dos años después y los segundos en 1900 en París, coincidiendo con la Exposición Universal.

Gran parte del presupuesto de estas Olimpiadas fue aportado por donativos populares y los atletas, lejos de ser las grandes estrellas mediáticas que son hoy, compaginaban su actividad con otros empleos y debían pagarse el alojamiento en Atenas de su propio bolsillo. Es más, la normativa del COI establecía que no podrían participar atletas profesionales, además de la descabellada norma de que por encima de las decisiones de los árbitros y del jurado pesaba el voto decisivo e inapelable del Príncipe Jorge.

Pero no fue esta la única norma que resulta chocante hoy en día. El error más sonado fue prohibir la participación de mujeres bajo argumentos tan peregrinos como que serían una distracción para los atletas. Pese a ello, una mujer llamada Stamata Revithi decidió correr la maratón. Lo hizo al día siguiente de la carrera masculina en un tiempo de 5 horas y media. Pese a que recogió firmas y testimonios de su participación, a día de hoy no figura como una participante oficial de los Juegos. Es más, la maratón femenina no sería un deporte olímpico hasta casi un siglo después, en 1984.

Los deportes olímpicos de 1896 fueron atletismo, gimnasia, tiro, ciclismo, levantamiento de peso, tenis, lucha, esgrima y natación. La falta de instalaciones apropiadas obligó a los nadadores a realizar sus pruebas en mar abierto.

Los ganadores de las pruebas recibieron medallas de plata, un diploma y una rama de olivo, y para los segundos clasificados, medallas de cobre. No hubo ni medallas de oro ni ningún tipo de premio o reconocimiento para los terceros de cada competición. Además, no existían equipos nacionales como se entienden hoy día, por lo que es muy difícil especificar qué países compitieron y por ende cuáles consiguieron más medallas.

Javier Pavía Fernández
Servicio de Coordinación de la Web

Ciencia y tecnología Publicaciones periódicas

El planeta Herschel

No es sencillo buscar información sobre ciencia cuando muchos descubrimientos cambian de nombre con el paso del tiempo. Es lo que ocurre con el planeta Herschel.

No, no se trata de ciencia ficción; es un planeta de verdad, más conocido por otro alias: Urano.

post herschel 1Desde la antigüedad eran ya conocidos los planetas Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Todo marchaba estupendamente con seis planetas hasta que un día, Sir Frederick William Herschel encontró un punto brillante sospechoso al enfocar su telescopio a la constelación de Géminis. Lo siguió durante meses, comprobando que no era un cometa, y finalmente llegó a la conclusión de que había hallado un séptimo planeta.

Herschel había nacido en Hanover, donde no comenzó a formarse precisamente como científico, sino como militar y músico, al igual que uno de sus hermanos, Jakob (se llamaban igual que los hermanos Grimm, pero eso no importa absolutamente nada).

Con 19 años abandonó el ejército y se instaló en Londres, donde compuso una gran cantidad de obras musicales para cello, oboe, órgano, e incluso un total de 24 sinfonías, algunas de cuyas partituras se conservan en la BNE. Adquirió una respetable fama como intérprete y llegó a dirigir la orquesta de Bath. Pero toda esta producción fue eclipsada, valga la broma fácil, por sus descubrimientos científicos.

post herschel 2La música le llevó a las matemáticas, y éstas a un interés por la óptica que le tuvo puliendo lentes durante 16 horas al día para fabricar el mayor telescopio conocido en la época. Según el Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, Mr. Herschel, célebre astrónomo, sigue en su ocupación de un prodigioso telescopio, que casi ya estaba acabado. Este instrumento tendrá 40 pies de largo y 4 y 9 pulgadas de diámetro” (02-07-1787). Existe una magnífica descripción de su invento en la BDH, en el Catecismo de Astronomía, de 1825.

Curiosamente, no necesitó este aparato para descubrir Urano. Enfocó su telescopio de 150mm a Géminis y dedujo que una estrella sospechosa no era tal. Tras varias observaciones bautizó a su planeta Georgium sidus en honor al rey Jorge III de Inglaterra, conocido por su mecenazgo de las ciencias. Este nombre no cuajó en el resto de Europa, donde se prefirió el de su descubridor: Urano llevó largo tiempo el nombre de Herschel (…) También se ha propuesto el nombre de Neptuno. Los astrónomos decidirán.” (El Mercurio, diciembre de 1845). Pero no sin cierta polémica: El nombre de Urano, que Mr. Bode se empeña en dar al planeta de Mr. Herschel, manifiesta su gran ingratitud al autor de este descubrimiento y no puede darse sin hacer la mayor injuria al rey de Inglaterra” (Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, 18-01-1790).

post herschel 3Por este motivo, las búsquedas de información sobre este descubrimiento son complicadas. Al problemático nombre del descubridor, castellanizado de diversas maneras, hay que unir el de un planeta que no tuvo denominación estable al menos hasta 1845. En la BDH existen documentos que hablan del planeta Herschel, o incluso Herzel, como el Manual de observación de Manuel Muñoz o la Prolusión Académica de Vimercati. No existe mención alguna a Urano hasta avanzado el siglo XIX, en el Viage Estático de Lorenzo Hervás.

Pero además de descubrir Urano, con su famoso telescopio de 40 pies localizó dos nuevas lunas de Saturno (Mimas y Encelado) y otras dos de Urano (Titania y Oberón). Como relata El Mercurio: El Dr. Herschel ha descubierto otro satélite de Saturno, que es ya el 7º, y está más cerca de este planeta que los otros seis” (diciembre de 1789)

Y no solo eso: observó las variaciones estacionales del hielo en los polos de Marte, determinó el movimiento del sistema solar, descubrió que la Vía Láctea tiene forma de disco, inventó la palabra asteroide (de aster “”estrella y eidos “”apariencia”") y descubrió la existencia de la radiación infrarroja.

No es mal currículum para un músico… que, por cierto, murió a los 84 años: los mismos que tarda Urano en dar una vuelta alrededor del Sol.

Javier Pavía Fernández
Servicio de Coordinación de la web