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Francisco de Holanda vuelve al Vaticano 500 años después

Francisco de Holanda (Lisboa 1517-1584) es el prototipo de artista renacentista, polifacético y de sólida formación humanística. Trabaja con su padre, iluminador, en la corte portuguesa en tiempos de Juan III y pasa posteriormente a formar parte del séquito del embajador portugués, Pedro de Mascarenhas, en su viaje a Roma, donde permanece desde 1538 hasta 1540. Allí conoce y trata a las figuras más destacadas de la vida romana, acude a los principales círculos intelectuales y artísticos y llega a ser amigo  de Miguel Ángel.

Por su testimonio y por los dibujos que refleja en uno de sus tratados (Desenhos das Antigualhas, conservado en la Biblioteca de El Escorial), sabemos que recorrió algunas de las estancias vaticanas, entre ellas el Cortile de Belvedere, al que se asoma la Biblioteca Vaticana, de la que a partir de ahora va a formar parte el facsímil De Aetatibus Mundi. Y es que esta obra ha cobrado actualidad recientemente porque una copia de esta pieza única ha sido uno de los regalos que el Presidente del Gobierno español ha entregado al Papa Francisco en su reciente visita al Vaticano.

De Aetatibus Mundi Imagines [1545-1573] es un manuscrito original que se conserva en la BNE en el que el dibujo prevalece sobre el texto. Las imágenes se desarrollan en escenarios arquitectónicos renacentistas y se complementan con inscripciones en latín que recogen citas de autores latinos clásicos dentro del sentimiento renacentista de respeto y admiración hacia la Antigüedad. La obra está organizada en seis edades: cinco para el Antiguo Testamento y una para el Nuevo Testamento, y finaliza con el Apocalipsis.

La obra se encuentra digitalizada y disponible para su consulta y estudio en nuestra Biblioteca Digital Hispánica: http://bibliotecadigitalhispanica.bne.es:80/webclient/DeliveryManager?pid=173884&custom_att_2=simple_viewer

Al ser una de las joyas de la BNE, ha sido exhibida en diversas ocasiones, la última de ellas en la exposición realizada con motivo del Tricentenario de la BNE

http://www.bne.es/es/Micrositios/Exposiciones/BNE300/documentos/300anos_138-141.pdf

La reproducción facsimilar entregada al Papa fue publicada por la Editorial BiblioGemma en 2007 y también forma parte de los fondos de la BNE.

Isabel Clara García-Toraño Martínez

Clara Ortega Villanueva

Departamento de Bellas Artes y Cartografía

Información relacionada:

Registro bibliográfico en el catálogo de la Biblioteca.

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Fondos digitalizados Historia

S de Séneca: Vida y obras.

“Séneca fue de españa, natural de la cibdat de cordoua. E fue discíp[u]lo de vn filosofo el cual fue dicho Sotion, Et este era dela opinión de los estoycos” […]

Séneca. De la clemencia; traducción del latín, prólogo e introducciones de D. Alonso de Cartagena, Obispo de Burgos. BNE MSS/9990. Siglo XV.

La bella inicial con decoración en rasgueo azul y rojo de este manuscrito castellano BNE MSS/9990 nos introduce de lleno en la vida de Lucio Anneo Séneca, famoso filósofo hispano-romano y preceptor del emperador Nerón, quien se quitaría la vida un 12 de abril del 65 d. C.

Tercer hijo del procurator Marco Anneo Séneca -apodado el retórico-, el joven patricio Lucio Anneo Séneca pronto marcha a Roma desde su Corduba natal, entrando bajo la tutela de su tía Marcia. Tras pasar una temporada en Alejandría -en donde toma contacto con el pitagórico Sotión y con los cultos de Isis y Serapis, para adoptar finalmente la postura de la corriente estoicista- vuelve a la capital del imperio, en donde Lucio da comienzo a su cursus honorum, primero con el cargo de quaestor bajo Tiberio (31 d.C.), luego como tribunus plebis bajo Calígula (37 d.C.), convirtiéndose en un gran orador senatorial. Más tarde, acusado de adulterio, es condenado al exilio en Córcega durante 8 años, hasta su posterior rehabilitación en 49 d. C., cuando es nombrado praetor de Roma, tutor y consejero político del futuro Nerón, hijo adoptivo y sucesor del divino Claudio.

La obra de Séneca es relativamente abundante -abarca diálogos morales, consolaciones, cartas, tragedias, proverbios y epigramas-, y ejerció gran influencia en época medieval y humanista. En la Biblioteca Digital Hispánica hemos querido destacar, entre otros muchos ejemplares, tres manuscritos humanísticos y un incunable:

Manuscritos humanísticos

Tratados varios. BNE RES/7, Contiene las Epístolas (h. 1-134) y el diálogo moral De Providentia (h. 135-138v).

Se trata de un manuscrito humanístico itálico, perteneciente en origen a la biblioteca personal de Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. Señalamos que, en la h. 7, figura una bella inicial “C” -que contiene a Séneca en su escritorio- y una orla vegetal con sendos ángeles sosteniendo el escudo cuartelado en sotuer de los Mendoza.

Obras de Lucio Anneo Séneca. BNE RES/43. Otro manuscrito italiano, de bella letra humanística rotunda, y decorado con una orla vegetal con pavos reales, osos y una laurea sostenida por niños con el escudo cuartelado del propietario. Contiene:

Diálogos morales:

De brevitate vitae liber (h. 1-15); De tranquillitate animi ad Serenum (h. 15-33); De vita beata ad Gallionem (h. 33v-55); De providentia dei (h. 55v-65); De proverbiis (h. 65v-78v); De remediis fortuitorum (h. 79-83v); De constantia sapientis (h. 84-96v).

Consolaciones:

Ad Martiam de consolatione (h. 97-117); Ad Helviam de consolatione (h. 117v-134v); Ad Polybium de consolatione  (h. 134v-149).

Tragediae. BNE RES/230. Otro bello manuscrito decorado con orlas vegetales que enmarcan el escudo del propietario. Contiene diez de las tragedias de Séneca traducidas al italiano: Hercule furente, Atreo e Thieste, Thebe, Ypolito, Edippo, Troya, Medea, Agamenone, Octavia y Hercule Oetheo. Destacamos como curiosidad que los reclamos de las hojas 130v, 146v y 154v aparecen dentro de un pez, un perro y un ave respectivamente. Para más detalles nos remitimos a este interesante texto de Elena Asensio.

Incunables

Proverbia vel sententiae (en castellano:) Proverbios glosados por Pedro Díaz de Toledo. BNE INC/1349. Sevilla : Meinardo Ungut y Estanislao Polono (22 octubre, 1495). Destacan las iniciales grabadas de cada capítulo y la marca heráldica de ambos impresores en el colofón.

El pseudo-Séneca

¿Pero cómo era Séneca físicamente? Sabemos que hasta el pintor Pedro Pablo Rubens sentía auténtica fascinación por Séneca y que poseía su propio busto de piedra. Pues bien: resulta que su imagen ha estado asociada erróneamente -hasta hace relativamente poco- con un busto de bronce aparecido en las excavaciones de la ciudad napolitana de Herculano y que, al parecer, no fue otro que Fulvio Orsini -el bibliotecario renacentista de la Colección Farnese- el responsable de dicha atribución. En la actualidad se piensa más bien que estos bustos en bronce o piedra son copias romanas de un original helenístico, y que el retratado es en realidad un poeta griego incierto ¿Hesíodo, Aristófanes? que, a buen seguro, adornaría las bibliotecas personales o los tablina de los romanos pudientes.

Desgracia y muerte de Séneca

El historiador Tácito describe su muerte y la de Petronio en sus Annales libri XV. Cada vez más apartado de la vida política -y de la peligrosa casa imperial- Séneca será involucrado por sus adversarios políticos en la frustrada conjura de Cayo Pisón. Por ello, su antiguo pupilo Nerón le condena a quitarse la vida. Séneca acata y ejecuta la sentencia cortándose las venas y envenenándose en un baño caliente. Es ésta una escena ampliamente representada, desde el grabado del Liber chronicarum (Fol. CVr) de Hartmann Schedel y Anton Koberger (BNE ER/1431), pasando por los dos grandes lienzos de Rubens y de Manuel Domínguez Sánchez (BNE 17/5/31), ambos custodiados en el Museo del Prado.

Podemos rastrear incluso su influencia en el imaginario colectivo como dramatis persona en la novela histórica Quo vadis? (Henryk Sienkiewicz, 1895-1896) y en su posterior péplum fílmico (Mervyn LeRoy, 1951), en donde Séneca es interpretado por el actor Nicholas Hannen, con un inolvidable Peter Ustinov en el papel de Nerón.

Manuel Pérez Rodríguez
Biblioteca Digital Hispánica

 

 

Bibliotecas y bibliotecarios Historia

La Eva bibliotecaria: Ángela García Rives, primera bibliotecaria española (1913)

Ángela García Rives

“No es cosa frecuente entre nosotros que las mujeres acometan y publiquen trabajos científicos. Aun los literarios los realizan parca y excepcionalmente. Y menos, que la borla doctoral, antiguo patrimonio de cabezas barbadas, cubra cabezas femeniles, donde de ordinario lucen galas más frívolas”.

Soslayando los abundantes y recurrentes tópicos que sobre bibliotecarios _esas mujeres avinagradas de rostro cerúleo rematado las más de las veces en peinado severo_ inundan simpáticos blogs como La imagen social del bibliotecario, hay que decir que, en efecto, se trata ésta de una profesión dominada por el elemento femenino. Y así lo corroboran los datos estadísticos sobre el personal de la Biblioteca Nacional de España, donde, por cada bibliotecario, hay tres mujeres que ejercen dicha profesión. Mejor que no indaguemos mucho en los motivos:

 “Labores como ordenar, catalogar y clasificar, que son las más frecuentes que realizan los que prestan sus servicios en archivos, bibliotecas y museos son las que corrientemente realiza aquélla [la mujer] en su vida privada y en perfecta armonía con el temperamento femenino[i].”

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Historia Literatura

En un lugar de… ¿Zaragoza?

Quijote interactivo

Vista del Quijote interactivo

La primera edición de la primera parte del Quijote se publicó en enero de 1605, más de un siglo antes de que existiera la Biblioteca Nacional. Fue impresa por Juan de la Cuesta en su imprenta del número 87 de la Calle Atocha (Madrid), de donde salieron gran parte de los libros de Cervantes y de algunos otros autores del Siglo de Oro (Lope de Vega, por ejemplo). El edificio es propiedad hoy día de la Sociedad Cervantina de Madrid y en su fachada hay una placa conmemorativa de esta edición que podéis ver más abajo.

En el Siglo XIX el índice de la Biblioteca incluía un ejemplar de esta primera edición, pero se encontraba en paradero desconocido. Teníamos además un ejemplar de 1605 que resultó ser de la segunda edición, hecha ese mismo año. ¿Cómo conseguimos otro ejemplar de la primera edición? Fue una casualidad y un acto de generosidad.

En la década de los 60 del XIX dirigía la Biblioteca el escritor y filólogo Juan Eugenio Hatzenbusch, quien participó junto a Francisco López Fabra en una edición facsímil del Quijote conservado en la Real Academia Española (primera edición de 1605, el único conocido en la época). Su idea era aprovechar esta novedosa técnica para que el público pudiera ver el libro tal como salió de imprenta. La obra resultante fue difundida por toda España, de modo que un estudiante de Zaragoza, Justo Zapater y Jareño, la vio. Como narra Hatzenbusch en la Memoria remitida al Ministerio de Fomento (1865):

Placa conmemorativa en la calle Atocha, 87 (Madrid)

Placa conmemorativa en la calle Atocha, 87 (Madrid)

“aquella letra y aquellos adornos le hicieron recordar que había visto en una casa de la ciudad un libro del Ingenioso Hidalgo con una primera página semejante: lo buscó, lo adquirió y entendiendo que debía ser la primera edición de la primera parte, y por consecuencia, un ejemplar de rareza grandísima, escribió a esta biblioteca, ofreciéndoselo generosamente. Bien hubiera podido equivocarse el Sr. Zapater, porque la primera y la segunda edición del Quijote, hechas en Madrid por Juan de la Cuesta en 1605, tienen igual la página reproducida por el Sr. Fabra; pero la fortuna, como queriendo coronar el noble propósito del Sr. Zapater, y devolver a la Biblioteca Nacional la mitad de una pérdida muy sensible, hizo que el ejemplar de Teruel fuese el de la primera edición, ejemplar bien tratado, aunque falto de la portada y la tabla de los capítulos puesta al fin del volumen, faltas que se han remediado, acudiendo al ejemplar de la Academia Española y la destreza del Sr. Fabra”

Posteriormente se comprobó que se trataba de la primera edición de 1605. No fue complicado: esta primera edición salió con tantas erratas que Cervantes hablaría de ellas en la segunda parte del Quijote, por boca de Sansón Carrasco. Puede que fuera por problemas de dinero o de tiempo, pero faltaban también episodios completos, como el robo del burro de Sancho. Así pudimos saber que el regalo que nos hizo Justo Zapater tenía un valor incalculable.

 Portada de la primera edición de Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Madrid, Juan de la Cuesta, 1605.

Portada de la primera edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Madrid, Juan de la Cuesta, 1605.

Este donativo, seguramente el más importante recibido por la BNE junto al del Cantar del Cid, supuso la posibilidad de preservar uno de los mayores tesoros bibliográficos españoles y, además, la localización de un segundo ejemplar de esta primera edición. Actualmente hay muchos más localizados: Biblioteca de Catalunya, Bibliothèque Nationale de France, Library of Congress -dos ejemplares-, British Library… pero en aquella época no se conocía más que el de la RAE.

El libro que llegó a la Biblioteca carecía de portada y le faltaban también cuatro hojas de preliminares. En su lugar se incluyeron reproducciones fotocincolitográficas del ejemplar de la Real Academia Española, realizadas por López Fabra.

Existe una versión digitalizada de esta primera edición que puede verse en nuestra Biblioteca Digital. Además, en el año 2010 se realizó una versión interactiva. Ésta incluye mapas, ilustraciones, grabados y otros contenidos procedentes de 43 ediciones distintas del Quijote y de otras 21 obras más, todas pertenecientes a la BNE.

Javier Pavía
Servicio de Web

Arte Exposiciones y actividades Historia Sobre la BNE

Las exposiciones históricas de 1892

Correspondían a nuestra patria los honores del Certamen Histórico-Americano: españolas eran las naves que anclaron en las costas americanas por vez primera, y el estandarte de Castilla ondeaba en las carabelas Santa María, Pinta y Niña. Natural era, por consiguiente, que al solemnizar el cuarto Centenario de tan fausto suceso para la historia del mundo, España presentase en el certamen conmemorativo las maravillas que recuerdan el glorioso hecho de la historia del reinado de Isabel y de
Fernando.

(La Época, 8 de octubre de 1892)

Con esta prosa y este tono recibía la prensa del XIX la primera exposición celebrada en la Biblioteca. Lo curioso es que fue cuatro años antes de su apertura al público: en el año 1892 las obras habían concluido pero no habían comenzado a trasladarse los libros de la Biblioteca a su nueva sede. Al estar vacío, el Palacio de Biblioteca y Museos pudo utilizarse como sede de las Exposiciones Histórico-Europea e Histórico-Americana, inauguradas el 11 de noviembre de 1892 con motivo del Cuarto Centenario del descubrimiento de América por Colón.

España en la Exposición Histórico-Americana

Sala de España en la Exposición Histórico-Americana

El Delegado español (cada país participante envió a uno, nombrado por su respectivo gobierno, así que no existió un comisario único) fue Juan Navarro Reverter, posteriormente Ministro de Hacienda y Pe mayúscula de la Real Academia Española. En la sección española se pudieron ver diversas piezas traídas de América a lo largo de los siglos: sombreros, canoas, etc., pero también documentos de valor incalculable: cartas de Colón, su retrato, recién descubierto entre los fondos de la Biblioteca Nacional, o el incunable de la Cosmographia de Ptolomeo con anotaciones manuscritas de Colón, actualmente en la Real Academia de la Historia.

También se expusieron mapas, cartas de marear, ¡incluso cabezas reducidas! Para reunir todo el material se contó con la colaboración de varios museos históricos y arqueológicos de toda España, además de solicitar la ayuda de países extranjeros, europeos y americanos. Gracias a ello la exposición pasó de ser Americana a dedicarse también a nuestro contienente.

Se utilizó para esta exposición toda la planta baja del edificio: La nave y parte central de la Exposición contendrá este grupo coetáneo del descubrimiento de que acabamos de hablar, mientras que en las dos secciones laterales se agruparán los objetos anteriores y posteriores á dicho descubrimiento. Una sección mostrará las dos series primeras, es decir, la protohistoria americana y la de los tiempos conocidamente históricos.

(La Ilustración española y americana, 26/09/1892)

Dinamarca en la Exposición Histórico-Europea

Sala de Dinamarca e Islandia en la Exposición Histórico-Europea

Lo malo es que una exposición de semejante envergadura produjo algunos problemas. No por el edificio, sino por la organización. Desde México debería haber llegado una reproducción de un calendario azteca,  “en un carro que tardó diez dias en llegar desde Santander”. La gigantesca caja estuvo “a la puerta del Palacio de Biblioteca y Museos, mientras se ideaba el medio de poder entrarla en la sala donde se halla instalada la sección de Méjico”. Para lograrlo, “30 obreros, escogidos entre los más forzudos, trasladaron la caja a los almacenes, la abrieron, y no había Calendario”. (La Época, 30/09/1892). La reproducción, hecha en cartón, quedó destrozada en el viaje a causa de un temporal. Hubo que esperar más de un mes a que se fabricara una nueva.

Sala de la Exposición con el calendario azteca de repuesto

Casi hay disturbios el mismo día de la inauguración: ante la aglomeración de gente, la verja de entrada se cerró en cuanto entró la regente María Cristina y el público quedó fuera, suponemos que no muy contento. Una vez inaugurada la exposición, diversos problemas con las invitaciones obligaron a hacerlas personales e intransferibles (Correspondencia de España, 30 de noviembre de 1892). Además, la Junta de la exposición declaró no válidos 300 billetes de entrada emitidos sin autorización pero con buena voluntad, por el Ministro de Fomento, Linares Rivas (La Época, 21 de noviembre de 1892).

Como detalle curioso, la Infanta Isabel, conocida popularmente como La Chata, fue una asidua de esta exposición, hasta el punto de que la prensa comenta sus continuas visitas con un punto de ironía. La visitó en su inauguración y otros muchos días, hasta que la prensa dejó de contar: “La Infanta doña Isabel ha hecho esta tarde su sexta o séptima visita…”, decía El Día el 3 de diciembre. Era tan omnipresente que los expositores americanos terminaron por regalarle toda clase de folletos, catálogos y muestras. Tras aquélla hizo aún más visitas al Palacio de Biblioteca y Museos hasta bien entrado el año 1893, así que la cifra bien pudo ser el doble.

Sala de la Exposición Histórico-Etnográfica

La inauguración fue una celebración solemne a la que asistieron los reyes de España y Portugal:

Desde mucho antes de la hora anunciada para el acto oficial, estaban literalmente llenas de selectísima concurrencia el vestíbulo y escaleras del palacio donde la exposición se verifica. Multitud de damas, que descollaban, más aún que por la elegancia de sus tocados, por la gentileza de sus figuras; variedad de uniformes de todos los países cultos del mundo, representantes de todos los elementos oficiales. Tal era público. En el descanso [de la escalera] esperaban la llegada de los Reyes los Ministros de la Corona, el Delegado y alto personal de la Exposición y otras varias autoridades, entre ellas el Gobernador civil, Sr. Cárdenas. Los representantes extranjeros eran acompañados por el Sr. Navarro Reverter hasta el salón de actos (…)  El amplio y hermoso salón de actos resultaba pequeño para contener la concurrencia, que llenaba la tribuna, las sillas y el pasillo central. Algunas señoras sufrieron ligeros síncopes.

(Heraldo de Madrid 11/11/1892)

El efecto que presentaba en aquel instante la monumental escalera del Palacio, ocupada por las comitivas con sus brillantes uniformes y con los alabarderos que daban guardia de honor, no podía ser más hermoso. Fuera de la verja se agrupaban más de seis mil personas, deseosas de saludar á su paso á los Soberanos españoles y portugueses.

(La Época, 11/11/1892)

Aún hubo más celebraciones: el 1 de diciembre se realizó un banquete en el Palacio de Biblioteca y Museos al que acudieron todos los embajadores y representantes de los países que participaron en la exposición:

Sobre los peldaños de la amplia escalinata que da acceso al edificio, habíase extendido una alfombra. Los salones estaban perfectamente alumbrados con luz eléctrica y llenos de exóticas plantas, cuyo vistoso ramaje y cuyas apropiadas combinaciones constituían el mejor adorno de aquel recinto. Cubrían además los muros de tan hermosas estancias variadas series de magníficos tapices. El banquete que debía dar principio á la fiesta fue verdaderamente espléndido y se sirvió en uno de los salones inmediatos al gran salón de actos

(Archivo diplomático y consular, diciembre de 1892)

Pero, pese a los contratiempos, la exposición fue todo un éxito: rivalizó con las Universales más espectaculares celebradas hasta la época y fue objeto de elogios en la prensa nacional e internacional. Es más, tuvo una especie de continuación en la Exposición Universal de Chicago (1893), dedicada también al Descubrimiento. De hecho gran parte de los expuesto aquí tuvo que ser enviado al otro lado del Atlántico para que aquélla pudiera iniciarse. Al hacerlo así, la exposición madrileña se clausuró el 5 de febrero de 1893 con un suntuoso banquete en Lhardy, quedando abierta únicamente la Exposición Histórico-Europea, aunque se temió que ambas cerraran simultáneamente.

El Salón de Lectura, convertido en auditorio

Los organizadores, con muy buen criterio, solicitaron mayor colaboración de los países participantes y ampliaron la Exposición Europea. Se mejoraron los catálogos, se instaló un libro de firmas en la Sala XI, se hicieron ciclos de conferencias, conciertos en el Salón de Lectura y se pensó en crear una revista sobre la muestra. La avalancha de público (algunos días hasta 6 mil personas aunque, como siempre, depende del periódico que uno mire) fue retrasando la fecha de clausura: de diciembre a marzo y de allí a junio. Y entre el público, cómo no, la infanta Isabel, que regresó aún algunas veces más.

La nueva exposición creció hasta ser reinaugurada como Exposición Histórico-Etnográfica y continuó abierta hasta el 30 de junio de 1893. Para hacernos una idea de su tamaño baste decir que cuatro meses después todavía seguían enviándose obras prestadas a sus países de origen.

Uno de los panegíricos más elocuentes para estas exposiciones fue escrito por la mismísima Emilia Pardo Bazán (podéis ver el texto completo al final del artículo):

Las Exposiciones históricas son aplastantes de puro magníficas, y para hacerse cargo solamente de lo más raro y hermoso entre tanta rareza y hermosura, se necesita frecuentarlas asiduamente un mes ó mes y medio (…) Para probarlo con sólo un ejemplo, citaré el de los cuatro soberbios Ticianos que he oido decir que adornan el comedor de los duques de Alba, y el de otro Ticiano maravilloso que admiré en casa de los duques de Hijar. Pero la Exposición americana es acaso la nata y flor de las curiosidades que nos legaron civilizaciones ya extinguidas.

(El Día 10/12/1892)

Por si la importancia cultural no es suficiente, se sabe, además, que salió rentable: recaudó 400.244 pesetas con una inversión de 346.012. Y también “ganamos” algunos objetos que no fueron recogidos por sus propietarios:

Un cuadro, grabado en metal, que representa «La degollación de los Inocentes.» Otro cuadro, en tabla, que representa «La Virgen amamantando al niño.» Cruz de madera labrada, en la que se lee: San Pedro de Alcántara (…)

(El Día 26/10/1893)

Javier Pavía
Servicio de Web

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