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Aaron Swartz se suicida a los 26 años

En España, la figura de Aaron Swartz no es muy conocida. A decir verdad, tampoco mucha gente sabe quién es Tim Berners-Lee, y ello pese a que utilizamos la web, de la que él es considerado el creador, todos los días… Pues bien, Tim Berners-Lee (perdón, Sir Tim Berners-Lee) sí sabía quién era Aaron, y ha escrito sobre su muerte: “Aaron ha muerto.  Espíritus errabundos del mundo, hemos perdido a uno de nuestros sabios. Hackers por derecho, vamos uno a cero. Padres todos, hemos perdido un hijo. Lloremos” (la traducción es mía).

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De vuelta a la Edad Oscura Digital (II)

Tom Chatfield, periodista experto en reportajes tecnológicos de la BBC, recogía el pasado septiembre en la web de la cadena inglesa algunos ejemplos de cómo está afectando hoy día la fragilidad de la web a la pervivencia de la memoria sociohistórica en un texto llamado “The decaying web and our disappearing history”, que podría traducirse –un tanto libremente- por “El deterioro de la web y nuestra historia sin rastro”. En él el autor relata su temor ante la volatilización progresiva de la “comunicación efímera” (tuits, comentarios, actualizaciones de contenido, etc.), esencial para comprender nuestra contemporaneidad. Para ello se servía del ejemplo de la desaparición de la web de un tuit de un usuario de Twitter llamado Farrah, que el 28 de enero de 2011, tercer día de las protestas populares egipcias que finalmente desembocarían en la deposición del régimen de Mubarak, habría colgado un enlace a una fotografía de un hombre supuestamente armado corriendo sobre un tejado durante las confrontaciones entre policía y manifestantes en Suez, y que a estas alturas del devenir histórico ya se habría esfumado caliginosamente, dejando en su lugar sendos mensajes de error informándonos de la inexistencia del enlace buscado e inutilizando la posibilidad de verificar su contenido. ¿Estaremos desprendiendo jirones de la retentiva del siglo XXI antes siquiera de reflexionar sobre si es importante o no conservarlos?

En un artículo publicado por la Universidad de Cornell, los investigadores Hany M. SalahEldeen y Michael L. Nelson cifran (y el dato es aterradoramente revelador) que un 11% de los posts, tuits, etc. que se comparten a través de la red se disipa en el olvido al cabo de un año, llegando a perderse un 27% de contenidos al cabo de tan sólo dos años y medio. Para llevar a cabo su estudio los autores se centraron en seis acontecimientos producidos de junio de 2009 a marzo de 2012 (y ojo a la selección, que en la espuma de los tiempos hay burbujas informativas para todos los gustos): el brote epidémico del virus H1N1, la muerte de Michael Jackson, las elecciones iraníes, el Premio Nobel de la Paz otorgado a Barack Obama, la revolución egipcia y las revueltas en Siria. Resulta incongruente que la instantaneidad de estas incorpóreas comunicaciones facilite la espontaneidad del debate o la reflexión conjunta y al mismo tiempo contribuya a descontextualizar velozmente la información que contienen, inutilizándolas completamente. ¿Acaso estamos escribiendo la historia del siglo XXI sobre la arena?

La primera mención expresa del término “Digital Dark Age” (Edad Oscura Digital) data de 1997: durante el 63 Consejo y Conferencia General de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA), Terry Kuny emplearía por vez primera la referencia a una “edad oscura digital” para referirse a una hipotética situación futura en la que podría ser difícil o imposible abrir y leer ciertos tipos de archivos digitales que habrían desaparecido para siempre del acervo de la Humanidad por haber sido guardados en formatos obsoletos, cuya lectura requeriría de un software o un hardware determinado ya inexistente. Para Kuny, la clave de la preservación residiría en encontrar el equilibrio entre hardware, software y humanware, entendiendo por este último concepto el aprovechamiento inteligente de las relaciones que las organizaciones mantienen con las personas.

Quienes se postulan a favor del papel como sustituto tangible de lo electrónico, solicitando un retorno tecnológico a la primacía de la celulosa sobre lo impalpable, plantean a menudo preguntas incómodas, como: “¿Qué tiene más visos de sobrevivirnos, una amarilleante foto impresa o un archivo fotográfico de 50 Megabytes alojado en el disco duro de nuestro portátil?”.

Un ejemplo muy conocido de ilegibilidad y entropía involucra a la tecnológicamente todopoderosa agencia espacial americana, la NASA, que permitió que las cintas magnéticas del amartizaje de la sonda Mars Viking mordieran el polvo durante los diez años que permanecieron sin procesar. Al cabo de esa década los datos se habían convertido en un rompecabezas: el testimonio del paso de la sonda por el planeta rojo resultaba indescifrable por estar escrito en un formato imposible de analizar, un formato cuyos programadores originales habían muerto o bien habían abandonado la agencia. Los resultados de la primera misión astrobiológica de la década de los setenta no podían darse por perdidos, así que durante meses un equipo técnico se dedicó a examinar las grabaciones, dedicando toda suerte de esfuerzos a recuperar para la Humanidad aquello que, paradójicamente, no se había extraviado en la infinitud del espacio exterior, sino sobre nuestro propio planeta.

¿Y el futuro, será digital o no será? Parece que sí: un estudio a cargo de la British Library refiere que, para el año 2020, el 40% de las monografías dedicadas a la investigación (libros de no ficción) estará disponible exclusivamente en formato electrónico, un 50% adicional se publicará en formato tanto impreso como digital y únicamente un 10% de las publicaciones monográficas de ensayo se imprimirá. En lo que se refiere a las publicaciones seriadas, un 76% estará disponible sólo en formato digital, un 20% coexistirá sobre el papel y los bits y sólo un 4% pasará por la tinta de la impresora. Cabe que nos lo preguntemos: ¿estamos diversificando el conocimiento que enviamos rumbo a los siglos venideros con sabiduría o, como decía el poeta Paul Valéry, “lo malo de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”?

Y como no hay dos sin tres, ¡más información en la tercera entrega de este post!

Icíar Muguerza López
Servicio de Web

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De vuelta a la Edad Oscura Digital (I)

La falta de fuentes que permitan recomponer el pasado oscurece ciertos periodos, desvaneciendo los contornos del espejo histórico en el que observamos el devenir de la Humanidad. Alrededor del 1200 a.C. el mundo micénico se desplomó, dejando tras de sí la estela debilitada de un venturoso florecimiento cultural. Cuatro siglos más tarde, el florecimiento de la época arcaica barrería los vestigios del colapso. A ese paréntesis de pobreza material y escasez de datos se le denominó Edad Oscura.

Pero no fue la única época que se granjeó un merecido puesto en los anales del catastrofismo. El colapso del Imperio Romano de Occidente o el siglo X, saeculum obscurum papal, son sólo algunas de las etapas de sombras que ha conocido la especie. Y quizás ahora se cierna sobre nosotros una nueva amenaza oscurantista: el advenimiento de una nueva Edad Oscura, esta vez digital.

En enero de 1995 el científico Jeff Rothenberg escribió un artículo en la revista Scientific American (“Ensuring the Longevity of Digital Documents”) en el que imaginaba la reacción de unos nietos imaginarios que, explorando el ático de casa de su abuelo en el año 2045, se hubieran encontrado con una carta fechada en 1995 y un CD-ROM. En el escenario inventado por Rothenberg, la carta explicaría que en el CD-ROM se conservaba un documento que contenía la llave de la fortuna de su abuelo. Los nietos, visiblemente excitados ante la promesa de heredar un gran capital, se tirarían de los pelos por no poder acceder a él, ya que no dispondrían del hardware ni del software requeridos para legibilizar la información contenida en el obsoleto artefacto. Paradójicamente, la humilde carta seguiría siendo tecnología punta, totalmente accesible.

La Humanidad confía desde hace milenios en el papel como soporte de archivo de la memoria individual y colectiva, debido a que resulta relativamente económico de fabricar, no precisa de cuidados especiales  y no exige disponer de una tecnología adicional que facilite su lectura (a excepción quizás de unas gafas en caso de vista cansada).  En cambio, la tecnología que se ha quedado obsoleta (vetustos procesadores de textos, floppy disks ilegibles, software propietario en una versión desactualizada, etc.) tolera muy mal el abandono: para reproducir exitosamente la información contenida en un determinado soporte, el usuario debe recrear el ecosistema habitual en el que el documento concreto fue generado. Y para llevar a cabo esta emulación del entorno original que en el pasado permitía acceder a una información determinada, se necesita reproducir todo el sistema y aplicaciones de un software dado, así como disponer de una completa especificación del hardware necesario sobre el que ejecutarlo. De locos, si uno contrapone esto a la sencillez del acto de abrir un libro y comenzar a leer.

Y sin embargo, por mucho que a veces nos violente el farragoso encendido de un dispositivo mecánico de lectura que, para más inri, constantemente demanda ser conectado a una fuente de alimentación externa para comenzar a funcionar, no podemos renunciar a la tecnología. Los avances en materia de información y comunicación están cambiando la faz del mundo, abriendo rápidas vías de crecimiento (sobre todo para los países industrializados), generando continuas oportunidades. Sin el valor que añade a nuestra fuerza productiva el conocimiento que compartimos de forma instantánea a través de la red el mundo no prosperaría.  Y sin embargo somos ídolos progresistas con los pies incrustados en el barro indiferente del olvido. La posibilidad de que cuanto hemos creado se cimente sobre un presupuesto imperfecto y efímero, el de que “la tecnología está hecha para durar” (cosa incierta), es ominosa, pero no por ello menos real.

¡Más sobre este tema en el próximo post!

Icíar Muguerza López
Servicio de Coordinación de la Web

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Bibliotecas y bibliotecarios Ciencia y tecnología

Web social y bibliotecas

Mucho es lo que se ha dicho y escrito en los últimos años sobre la Web 2.0. ¿Pero qué es? La Web 2.0 engloba una nueva generación de servicios web que se caracterizan fundamentalmente, y de forma muy general, por fomentar la participación y la comunicación por parte de los usuarios

Ahora son los usuarios los protagonistas que aportan los contenidos a los sitios web: comparten sus fotos, hacen comentarios, están en contacto con sus amigos, etc. Estos sitios web utilizan para su funcionamiento un software social y por ello se les denomina de forma conjunta web social. El objetivo de las bibliotecas es acercarse a sus usuarios allá donde estén, invitarlos a participar en la creación y la mejora del servicio, aumentando así la visibilidad de la biblioteca: así nace la biblioteca 2.0.

Uno de los elementos que configuran la web 2.0 son los blogs. Son sitios web donde se publican artículos, noticias, etc. sobre un tema determinado, de forma periódica. Podemos encontrar blogs de noticias, blogs de talleres y formación de usuarios, blogs de recomendación de lectura, blogs de marketing, etc. Un ejemplo es el blog de la BNE. Otra muestra es el de los clubes de lectura de las Bibliotecas Municipales de A Coruña. La peculiaridad de los microblogs consiste en que los mensajes que los usuarios pueden publicar son breves (alrededor de 140 caracteres). Algunas de sus utilidades para bibliotecas son hacer de servicio de alertas gratuito para comunicar las incidencias y actividades del centro y establecer un diálogo con los usuarios. La herramienta más popular es Twitter y un ejemplo lo constituye la Biblioteca Municipal de Muskiz.

La sindicación de contenidos es una forma de distribuir y compartir la información incluida en un sitio o una página web. Las bibliotecas pueden utilizar esta herramienta para difundir información de su centro (como es el caso de la Universidad de Sevilla) o para recoger noticias de otras fuentes, formando así un boletín de novedades (como, de nuevo, la Biblioteca Municipal de Muskiz). Otra forma de sindicación es el podcasting en la que los contenidos que se distribuyen son sonoros, no textuales. Gracias a ella podemos poner a disposición de nuestros usuarios información sonora de eventos que tengan lugar en la biblioteca: discursos, conferencias, lecturas en voz alta, etc., y permite a las personas con dificultades visuales acceder a los contenidos de nuestro sitio web. Un ejemplo de esta herramienta nos la ofrece la Biblioteca de la Fundación Josep Laporte.

Los marcadores sociales son sitios web en los que los usuarios pueden guardar sus enlaces favoritos, lo que les permite además establecer relaciones entre sí para permanecer en contacto, descubrir otros usuarios con intereses similares, recomendarse enlaces, etc. Estos sitios ofrecen a los usuarios la posibilidad de asignar etiquetas o tags, es decir palabras clave sencillas, para describir contenidos. A partir de esas etiquetas y del uso de cada una de ellas se pueden elaborar nubes de etiquetas, gracias a las cuales los contenidos se actualizan y recuperan de una manera más sencilla. La herramienta de marcador social más conocida es Delicious. Un ejemplo de nube de etiquetas lo encontramos en la Biblioteca Julia Ucedawww.rmbs.es/blog/biblioteca-julia-uceda/.

websocial3También los wikis están llegando poco a poca a las bibliotecas. Un wiki (término que procede del hawaiano y significa rápido), es un sitio web en el que varias personas pueden editar contenidos. Tal vez el ejemplo más ilustrativo sea la Wikipedia, aunque hay otros wikis reservados a unas pocas personas. Muchas bibliotecas utilizan ya los wikis por ser éstos unas herramientas óptimas para la recopilación de recursos de información. Buen ejemplo de ello son la Universidad de Sevilla o la Universidad de Calgary (Canadá).

Las redes sociales, por tanto, se han convertido en un foro de captación de potenciales usuarios y de fidelización de los ya existentes. De todas éstas, Facebook es la que mayor impacto ha tenido y tiene en bibliotecas. La BNE no se ha quedado fuera de este maremagnum social y dispone de su perfil en Facebook. Lo más relevante de todo, mucho más en este contexto de web social, es que ya son más de 93.000 fans los que siguen a la Biblioteca diariamente.

Pero no todo es Facebook. Otras bibliotecas disponen de perfiles en Tuenti, muy extendido en el ámbito español y entre jóvenes universitarios. Este es el caso de la Biblioteca de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria que, además, ha lanzado una campaña publicitaria como fórmula de posicionamiento, mediante redes sociales, de cara a la elección de universidad por parte de los estudiantes. Otras redes, caso de Hi5, de gran impacto en América Latina o MySpace, cuentan también con presencia bibliotecaria, caso de la Texas Tech University Library .

websocial2Otros sitios web dedicados al almacenamiento de contenidos multimedia, como Youtube, Flickr o Slideshare, están siendo utilizadas por las bibliotecas con muy distintos propósitos. El primero, permite almacenar y compartir videos; el segundo, principalmente imágenes y, el tercero, presentaciones en distintos formatos (PowerPoint, PDF u OpenOffice). Los videos realizados por las bibliotecas pueden quedar encuadrados en un “canal” como el de la BNE, enfocado principalmente a la difusión y promoción de sus actos culturales. Otras, se valen de esta herramienta para presentar la historia de la biblioteca, como la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Otros prefieren realizar desenfadados videoclips musicales, como la Biblioteca del Campus de Albacete. Son muchos los ejemplos que encontramos de uso de Flickr, si bien podemos destacar la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, que lo utiliza para dar a conocer sus instalaciones, principalmente, o la propia BNE, que da a conocer parte de sus colecciones mediante éste. Slideshare puede ser utilizado para ofrecer al usuario información sobre la biblioteca y sus servicios, como ha hecho la Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid.

El desarrollo y democratización de dispositivos móviles con acceso a Internet (PDA’s, teléfonos móviles, etc.) favorece que cada vez más bibliotecas exploren la posibilidad de prestar sus servicios a través de éstos. No en vano, según la IFLA y UNESCO, una de las misiones clave de la biblioteca pública es “facilitar el progreso en el uso de la información y su manejo a través de medios informáticos”.

Os dejamos algunos enlaces interesantes a literatura sobre el tema:

Libertades de expresión e información en Internet y las redes sociales: ejercicio, amenazas y garantías, de Lorenzo Cotino Hueso.
Informe APEI sobre Web Social, editado por la Asociación Profesional de Especialistas en Información.
Redes sociales: posibilidades de Facebook para las bibliotecas públicas, de Daniel García Giménez.

¿Conocéis otros usos de web social en bibliotecas?

Isabel Mª Domingo Montesinos
Sala de Documentación Bibliotecaria

Rubén Izquierdo Martín
Sala de Prensa y Revistas

Ciencia y tecnología Sobre la BNE

La BNE: en la nube, pero con los pies en el suelo

Todos hemos oído alguna vez la frase “estás en la inopia” incluso a algunos nos la han dicho. Creo que esta expresión encaja como anillo al dedo en los tiempos que corren.

Inopia (del latín inopia), según la RAE es: indigencia, pobreza, escasez. Pero también tiene otra acepción: la de ignorar algo que otros conocen, no haberse enterado de ello, si bien popularmente se usa como “estar despistado o en las nubes”.

Pues eso, estamos en la inopia, los presupuestos están bajo mínimos y todavía no nos hemos enterado aún de que el cloud computing parece ser el futuro (aunque nos lo quieran vender como “rabioso presente”). Futuro que nos sacará de esta inopia o, lo que es lo mismo, de esta escasez presupuestaria.

Ahora todo es nube ¿Qué empresa no ofrece servicios en la nube? Como suele ocurrir cuando emerge una tecnología, nos inundan con nuevas definiciones, matizaciones y variantes. En este caso no podía ser de otra manera. Existe el cloud computing privado, público, compartido… y sin duda seguirán apareciendo nuevas variantes. Téngase en cuenta que estamos inmersos en lo que se empieza a denominar “pensamiento cloud”.

Del mismo modo, los adjetivos y/o ventajas que se aplican al cloud computig crecen como la espuma: flexibilidad, manejabilidad, seguridad, ahorro, sostenibilidad, disponibilidad, elasticidad, ecológico. Es obvio que no todos ellos tienen la misma aplicabilidad y credibilidad y dependerán de qué solución hablemos y en qué organización la apliquemos.

Las cosas están cambiando, más lentamente de lo que nos quieren hacer creer, pero cambiando al fin y al cabo. En un futuro cambiará la forma de hacer negocios, de comunicarse, aprender, conectarse y, sobre todo, de colaborar. No es tanto que el paradigma cloud computing sea una novedad (a grandes rasgos y con todas las matizaciones, no deja de ser una mejora de la virtualización y el outsourcing) sino que han evolucionado las infraestructuras y las comunicaciones que soportan ese modelo haciéndolo viable.

cloud1No tengo tan claro, sin embargo, que suponga un ahorro de costes a corto, medio ni siquiera a largo plazo. No he visto todavía un estudio serio de lo que supone de ahorro una solución cloud computing frente a otra alternativa, esté esta última implantada, en fase de implantación o en proyecto.
No todos los modelos del cloud computing (SaaS, IaaS, PaaS) se desarrollarán de igual modo y a la misma velocidad. Las cifras que están dando las consultoras sobre la implantación del cloud computing me parecen exorbitadas y no se ajustan a la realidad en el sector privado ni en el público.

El modelo cloud no es válido para todas las organizaciones. Uno de los segmentos que pueden sacar más provecho de esta nueva filosofía es la pequeña y mediana empresa, al tener acceso a herramientas de gestión y software de base al que de otra manera no podrían acceder ni total ni parcialmente.

Hay que pensárselo dos veces antes de tomar una decisión sobre la implantación de servicios o infraestructuras en cloud computing. Empezar por proyectos pequeños, a modo de piloto, parece lo más razonable.

El sector público tiene una idiosincrasia que obliga a estudiar con detalle el abordar un proyecto cloud.
La seguridad y el control continúan percibiéndose como barreras para la implantación del cloud computing. Un 68% de los directivos están preocupados principalmente por la seguridad y un 40% por la calidad del servicio.

Por lo que respecta a la BNE, no queremos ni podemos estar fuera de lo que se viene en llamar “pensamiento en la nube” y son varias las soluciones ya implantadas. Existe un servicio mediante el cual un usuario puede consultar recursos distribuidos en distintas bases de datos sin conocer la ubicación física del servidor que le atiende. Todo ello mediante el protocolo Z39.50. Esto facilita la catalogación de fondos previamente catalogados en otros sistemas, abaratando costes y evitando errores e inconsistencias. De igual modo, la BNE recupera datos de otras bibliotecas y entidades a través de este sistema.

Otro servicio en esta misma línea es el protocolo OAI-PMH (Open Archives Initiative – Protocol for Metadata Harvesting), utilizado para la transmisión de metadatos en Internet.

En la BNE iniciamos un proceso de virtualización de servidores con infraestructura de entorno VMware sobre 12 servidores que forman un cluster de 96 procesadores y 384 Gb de memoria. Sobre esta infraestructura están desplegadas y operativas 72 máquinas virtuales con distintos sistemas operativos (Windows y Red Hat Linux) que prestan servicios esenciales para la BNE. Según IDC, aquellas organizaciones con un alto grado de virtualización tienen aproximadamente cuatro veces más probabilidades de pasar servicios a nubes privadas y públicas. La BNE, no cabe duda, está entonces bien posicionada.

cloud2Yendo un poco más allá, otro servicio cloud es el de licencias de antivirus en la nube de PandaSecurity. Esto permite a los equipos licenciados (los portátiles de la BNE) identificarse ante la nube y descargar nuevos motores de antivirus, así como las actualizaciones de ficheros de firmas, antispam, etc.
Otro servicio que presta la BNE es el acceso a revistas y recursos electrónicos a través de El Buscón.

Según Gartner, de entre las 10 tecnologías que marcarán este 2011, el cloud computing es la primera, seguida de las aplicaciones móviles y los tablets.

Y he aquí que estamos ante otro de los paradigmas tecnológicos de los últimos tiempos para mí más novedoso y apasionante. Me refiero al denominado Ecosistema Móvil (Mobile Internet Computing).
La informática móvil, entendiendo como tal el conjunto de equipos, móviles, software de base, software desarrollado y las propias comunicaciones, no deja de ser una forma de interacción humano-máquina, donde la máquina es transportada mientras es usada. Sin duda el ecosistema de las aplicaciones para móviles se ha convertido en una de las ramas del software más activas.

Claro exponente de este nuevo paradigma es la usabilidad de las aplicaciones en las pequeñas pantallas de nuestros teléfonos móviles. Los grandes impulsores de dicha expansión han sido el iPhone y el canal de distribución o comercialización de aplicaciones creado por Apple (la Apple Store).
Por si fuera poco, a esto se ha sumado la aparición del iPad y toda una secuela de smartphones que llevan años abriendo el camino que nos ha conducido al estado actual. Sin duda, las aplicaciones han sido las grandes protagonistas. Todos han creado sus tiendas de software: Android Market, Apple Store (ha superado los 10.000 millones de descargas), la Software Store Palm, la App World Blackberry y Windows Marketplace.

cloud3El auge de los nuevos dispositivos móviles (smartphones) es tal que hasta un mercado ya consolidado como el japonés, con su propio sistema de telefonía y dispositivos móviles, los keitai, está sucumbiendo al mercado occidental encabezado por Apple y los diferentes dispositivos con Android.
Los grandes protagonistas de todo esto son: Apple, que con su iPhone y su iPad domina el mercado; Google, que ha tomado posiciones con su sistema operativo Android para móviles y tablets; Microsoft, que no ha tenido demasiado éxito hasta ahora aunque parece que con el sistema operativo Windows Phone 7 está recibiendo buenas críticas; y Samsung y su Galaxy Tab, también con muy buena prensa.
Pero hay otro frente abierto que llega menos al gran público: los procesadores de estos pequeños equipos.

La mayoría de equipos de sobremesa, portátiles y tabletas funcionan con procesadores Intel o AMD, optimizados para procesar muchos datos. Sin embargo, los sistemas operativos de los dispositivos móviles (Symbian OS, Android, Windows Phone, iOS y Blackberry OS) funcionan sobre procesadores ARM que están optimizados para el intercambio de datos en Red con un menor consumo de energía.
Según Gartner, el 90% de las organizaciones utilizará aplicaciones empresariales en sus dispositivos móviles en 2014.

Las aplicaciones móviles son una prioridad en el sector empresarial, pues nadie duda de que la movilidad es una herramienta fundamental para manejar la información corporativa de las empresas.
La BNE lleva presente en este entorno desde hace tiempo. No tanto el de movilidad propiamente dicho, pero sí en las redes sociales y derivados, que se usan masivamente por medios móviles. Así, la BNE tiene presencia en Facebook, con más de 80.000 “amigos”; en YouTube, con más de 60 vídeos; canales RSS; blogs y en un futuro inmediato, slideshare.

En definitiva, en 2011 estas tecnologías se irán integrando progresivamente entre ellas: el cloud computing con el móvil, el móvil con las redes sociales, las redes sociales con las llamadas tecnologías sociales (“wikis”, “blogs”, mensajería instantánea…) y a su vez todas ellas con las aplicaciones de negocio.

José Ramón García Amo
Coordinador de Informática